• Claudio Araya Silva, director de “Lo peor de los deseos”

  • Claudio Araya Silva, director de “Lo peor de los deseos”

Claudio Araya Silva, director de “Lo peor de los deseos”

Definida como un thriller criollo, “Lo peor de los deseos” es el segundo filme de ficción del director chileno-boliviano Claudio Araya, también autor de “Margaritas negras” (2003) y de la trilogía documental sobre la vida minera y el desierto de Atacama, entre otras obras. Una película coral de antihéroes que indaga en los claroscuros de la dimensión humana desde un contexto sindical y urbano en una Bolivia en crisis.

Inspirada por la pintura de Francis Bacon, “Figura con carne”; la película ahonda en la brutalidad y propone un relato detonado por personajes que se construyen y sobreviven desde la traición de sus propios deseos. Carlos Borja (Luis Felipe Tovar) confabula para tomar el control de la Federación de Choferes de Bolivia. El país está en conflicto y el contrabando ya no es una opción. Margot (Inés Quispe), la esposa del máximo dirigente de los choferes, presiona a su marido para bloquear las calles y usar el poder de la federación a su favor. Ambos se enfrentan en una lucha deshonesta por el poder.

Con una fotografía cuidada que explora los contrastes de una periférica La Paz, un guion del propio Araya asesorado por Michel Gaztambide y Cyan Rodríguez, y un elenco regional que incluye al mexicano Luis Felipe Tovar, los bolivianos Inés Quispe, Amuya Montero y Luigi Antezana y la colombiana Esmeralda Pinzón; “Lo peor de los deseos” llega este jueves 29 de noviembre a salas bolivianas de la mano de BF Distribution tras recibir recientemente el premio del público y la mención del jurado en el Festival Internacional de Cine de Puerto Montt.

Producido por la boliviana Diabla Cine en coproducción con la mexicana Agentes Secretos y la colombiana Janus Films, el estreno llega después de seis años y tras pasar por Produire Au sud, Bolivia Lab, Morelia Lab y Encuentros Cartagena, entre otros espacios; y contar con el apoyo del Programa Ibermedia, Ministerio de Culturas y FOCUART- Alcaldía de La Paz. LatAm cinema conversó con su director, Claudio Araya Silva, a pocos días del lanzamiento comercial.

“Lo peor de los deseos” es una historia de antihéroes, con un personaje femenino poderoso, dentro de un universo sindical en la que la ambición es la gran protagonista. ¿En qué medida entiendes que la película refleja la sociedad boliviana, o paceña, hoy?

Creo que se pueden encontrar matices que tienen que ver con la identidad nacional, con cómo nos relacionamos con la realidad, cómo se relaciona el hombre urbano con su entorno y cómo resuelve sus conflictos cotidianos de forma concreta. Y si lo proyectamos en la macroestructura, también resulta ser la forma de resolverlos en las grandes esferas del poder. Es el contexto ideal para hablar de nosotros mismos. Por ejemplo, los choferes establecen luchas cotidianas en las calles por el espacio, por el poder. Las mismas luchas que vemos en el escenario político del país. Creo que en el contexto nacional se puede identificar rápidamente a los sindicatos de choferes sector como la expresión del poder, “ese poder que puede detener el país, con un solo dedo”. Han detenido el país en muchas ocasiones y bajo amenaza. Al mismo tiempo, ese eje del poder está instalado en lo cotidiano, toda la población tiene relación directa o indirectamente con él. Todos debemos lidiar con él y es parte de la expresión de la vida de un país y de una actitud.

Los personajes son antihéroes sin duda, que luchan hostilmente pues de eso depende su supervivencia, y esa es la ética que les permite el entorno. Y en el que reina el patriarca como dueño del poder, eso entre comillas, pues considero que las mujeres durante años han manejado la economía de la familia en muchos niveles sobre todo campesino y rurales. Eso se ha trasladado a las nuevas economías del contrabando y el mercado informal.

¿De dónde nace la necesidad de hacer esta película?

Creo que tengo algunas cosas que plantear al público en estos momentos de efervescencia política. El público nacional en este sentido creo que es un objetivo importante. Me interesa plantear un diálogo en relación al poder. Me interesa la reflexión en torno a nuestro cotidiano, a cómo nos enfrentamos con la construcción de nuestras relaciones. De todas formas la película es un dibujo libre sobre diversos temas.

"Los personajes son antihéroes que luchan hostilmente pues de eso depende su supervivencia, y esa es la ética que les permite el entorno."

¿Cómo fue el trabajo de investigación e inserción en el universo sindical?

He participado desde muy niño en los foros sindicales gracias a que mi madre se ganaba la vida trabajando en pequeños proyectos que ella misma autoejecutaba. Me tocó así vivir en el área rural, en Mizque, durante dos años, y visitar constantemente el Chapare, o incluso visitar de pequeño las oficinas del ahora presidente Evo Morales cuando él era dirigente. No me es ajena la figura sindical, y a partir de allí con una idea preconcebida, visité y entrevisté a algunos dirigentes y seguí el rumbo de sus acciones, sin embargo, creo que el foco de la película se instala allí pero no es necesariamente su escenario principal.

La periferia de la ciudad de La Paz también es un personaje que entona con lo oscuro de la película. ¿Cómo lo trabajaste desde el guion y a nivel estético?

Trabaje de la mano de Sebastián Piel, un amigo entrañable con quien he realizado ya varios proyectos desde que nos conocimos en 2003 en Santiago. Tenemos algunas ideas e intereses en común, sobre todo en el arte, la música y el cine. Creo que a partir de allí comenzó el diseño de una búsqueda estética, que iba de la mano del cine que nos interesaba y que fuimos desmembrando juntos. Hay mucho de Bacon y la pintura expresionista que nos sirvió de referente para ir diseñando espacios y personajes, que luego han ido decantando en la película. Pero sin duda, la ciudad de La Paz y su propio aire denso y misterioso es un gran inspirador para terminar de escribir lo que inicié en 2011 como un esbozo de guion. La Paz es protagonista desde sus pequeñas intimidades y sus claroscuros. Hay algo allí que cautiva e incita a explorar y seguir explorando.

¿Cómo fue la elección del mexicano Luis Felipe Tovar?

Esta decisión a tomé años atrás, incluso cuando la película solo era una idea vaga. Fue en el Festival Internacional de Cine de Santa Cruz donde vi un filme que se llama “Parejas”, en el que más allá de la trama o de la película me vi cautivado por lo singular de la actuación de Luis Felipe Tovar, su porte y rostro. A partir de allí fueron largas idas y venidas, entre enseñarle el guión encontrarnos y finalmente interesarlo en participar. El perfil del personaje fue pensado para él y escrito con su rostro en mente.

¿Cómo esperas que la reciba el público boliviano?

Me interesa que pueda llegar a mucha gente y no con la ambición de convertir el filme en una película taquillera, si no tal vez, y esto sí es algo ambicioso, en plantear un punto de inicio de diálogo, quisiera realmente que haya gente que se ve identificada, o que la vea en su entorno.

¿Qué lectura haces de la aprobación de la ley de cine en la cámara de diputados?

Creo que es fundamental que podamos tener una ley, pero una mejor ley que la que tenemos en la actualidad, una que permita como ha sido siempre el espíritu de nuestra propuesta desde el congreso de 2013, una propuesta que fue consensuada y pensada desde todas las aristas posibles, para rescatar el espacio audiovisual. Con esto me refiero a las pantallas, que podamos gozar de una soberanía audiovisual, principalmente para poder nosotros tomar nuestras pantallas y crecer en ellas. Creo que este proyecto no tiene ese espíritu y en ese sentido no estamos avanzando.