• Federico Veiroj, director de “Belmonte”, previo a su estreno en Toronto y San Sebastián

  • Federico Veiroj, director de “Belmonte”, previo a su estreno en Toronto y San Sebastián

  • Federico Veiroj, director de “Belmonte”, previo a su estreno en Toronto y San Sebastián

  • Federico Veiroj, director de “Belmonte”, previo a su estreno en Toronto y San Sebastián

    Federico Veiroj.

Federico Veiroj, director de “Belmonte”, previo a su estreno en Toronto y San Sebastián

Belmonte es un pintor divorciado, tiene una hija de diez años y su ex esposa está embarazada de otro hombre. Mientras prepara una muestra que explora la desnudez masculina en el Museo de Artes Visuales de Montevideo, sus roles de padre, hombre y artista se resignifican e intentan acomodarse en un contexto de cambios. “Belmonte” es el cuarto largometraje escrito, dirigido y coproducido por Federico Veiroj (“Acné”, “La vida útil” y “El apóstata”) y el tercero consecutivo que estrenará en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF). Producido por las uruguayas Cinekdoque y Nadador Cine -en coproducción con las mexicanas Corazón Films y Labo y la española Ferdydurke Films-, el filme es protagonizado por Gonzalo Delgado, director de arte de películas como “Whisky”, “Acné” y “El motoarrebatador”, entre otras, además de codirector junto a Verónica Perrotta de “Las toninas van al este”. Previo al estreno mundial de “Belmonte” en Toronto y San Sebastián, LatAm cinema habló con Veiroj sobre el proceso de creación y producción de la película, su vínculo con los trabajos anteriores y su próximo trabajo, “El cambista”, actualmente en etapa de postproducción.  

En tu película anterior, “El apóstata” (2015), te inspiraste en el intento real de apostatar de Álvaro Ogalla para escribir el guion. ¿Cómo influyó la figura de Gonzalo Delgado en la construcción de su personaje y su historia?

La figura de Gonzalo Delgado es clave porque escribí la película para él. No fue mi primera vez en escribir una historia indivisible de quien deseaba que la interpretara. Empezó con una bajada de escenas que tenía escritas sin saber para qué película y sumé a Gonzalo Delgado a la historia. Es mi amigo y justo por esos días lo estaba extrañando porque él estaba en una seguidilla de viajes de trabajo, entonces mi manera de acercarme a la distancia fue fantasear con situaciones o diálogos que me gustaban para que él pueda interpretar. Cuando eso me pasó, ya lo dejé de ver como un amigo íntimo que yo quería que actuara, y lo empecé a ver como un personaje de una narración. El personaje de Belmonte toma cosas del propio Gonzalo pero no es un retrato suyo, son bien distintos. En una de sus escalas en Montevideo en medio de otros viajes me presenté en su casa y le conté todo lo que pretendía hacer con él. Las ganas de actuar de Gonzalo ayudaron para que su aprobación fuera inmediata: él ya había actuado en roles menores, incluso conmigo, y tuvo un rol importante en una película que él dirigió llamada “Las toninas van al este”.  Verlo ahí componiendo un personaje fue también de gran inspiración para mí. Además de pintor y de sus múltiples oficios en el cine, creo que es un actor formidable.

“Belmonte” es una película que combina espacios naturales y construidos de Montevideo y alrededores y música variada de compositores locales ¿Cómo se vinculan estos elementos con la historia? ¿Creés que las temáticas que trata la película son también intrínsecamente uruguayas?

Independientemente de que no pienso los elementos expresivos -sean músicas o locaciones- con una nacionalidad concreta, sí se combinaron las cosas para que hoy pueda decir en esta entrevista que todos los músicos que interpretan obras musicales son uruguayos. Pero no están en la película por ser uruguayos sino por su calidad. Leo Maslíah es uno de los músicos que más admiro, y tener la posibilidad de hacer un acuerdo con él para poder usar su música en una película mía es es un privilegio enorme que pienso seguir aprovechando. Igual con Carlos Gardel que no hace falta que adjetive, con los Buenos Muchachos que llevan el rock en la sangre, con Diane Denoir que canta como los dioses, con talentos como Rafael Bonavita o Gervasio Tarragona que son músicos que hacen carrera por todo el mundo, y finalmente con la Orquesta Juvenil del Sodre, que suena bárbaro. Sucedió que pensé esta película en base a la combinación de determinadas locaciones montevideanas con el estado de ánimo del personaje de Belmonte y su recorrido emocional, y con algunas de las músicas de los intérpretes que mencioné recién. Lo uruguayo es bastante obvio porque estamos filmando en Montevideo y los que están delante de cámara son uruguayos, pero me parece que lo que cuenta la película está en el terreno de las emociones más que de las naciones, y por lo tanto es tan local como universal.

¿Qué temáticas o intereses personales sentís que se repiten en tus trabajos?

Creo que hay algo repetido en la curiosidad natural de los personajes. Si no son curiosos, no me invitan a que los escriba, a que los filme.

"La película está en el terreno de las emociones más que de las naciones, y por lo tanto es tan local como universal."

¿Cómo fue el proceso de producción de la película?

Entre el momento antes mencionado, en el que Gonzalo Delgado me dio su aprobación para actuar sentenciada en “dale, hagámoslo”, y el momento de rodaje pasaron 3 ó 4 meses. Yo me sorprendo también de lo veloz que fue todo. Sentí que era el momento apropiado y no podía dejar pasar ese impulso. Fue tan grande este impulso que pudimos involucrar a un equipo de profesionales de amigos de Gonzalo y míos y con los que ya habíamos trabajado previamente: Juan José López y Pedro Barcia en producción, Arauco Hernández Holz en fotografía (a la mitad del rodaje se sumó Analía Pollio al equipo de foto), Nicole Davrieux y Alejandro Castiglioni en arte, Daniel Yafalián en sonido, sumado a algunos veinteañeros que tenían ganas de trabajar y se animaron. Con las casas productoras socias de México y España no era la primera vez que trabajaba. Así fue que la película nunca se financió, pero la pudimos rodar con una deuda de dinero privado o capital de riesgo propio, sumada al crédito para pagar al equipo de rodaje y un aporte de postproducción de imagen en México. O sea, se trata de un proyecto que si hubiese pasado años buscando dinero como suele suceder para hacer una película, no se habría hecho. Por lo tanto, el impulso y las ganas hicieron que en lo personal volviera a tomar grandes riesgos para filmar como los que tomé con “La vida útil” o “El apóstata”, películas que siguen circulando por todo el mundo, y el hecho de que les haya ido muy bien es justamente lo que me permite continuar haciendo mi trabajo.

A la par que se estrena “Belmonte” estás editando tu quinto largometraje, “El cambista” ¿En qué aspectos difieren ambos proyectos?

“Belmonte” es un guion original y “El cambista” lo hemos adaptado de una novela junto con Arauco Hernández Holz, quien también es fotógrafo de la película, aparte de amigo y cómplice. Es un proyecto que quiero hacer desde que encontré la novela en 2012, “Así habló el cambista” de Juan E. Gruber, y por fin este año la pudimos filmar. Todos los proyectos son distintos porque las inspiraciones no son iguales, porque el dinero que se precisa para hacer las películas siempre varía, porque el equipo que se precisa cambia en su dimensión, y sobre todo porque las historias requieren de aspectos narrativos inherentes a cada una. Sin embargo, hay algo que se mantiene y es el rigor, el oficio y la pasión. Yo estoy siempre abierto a todo tipo de proyectos, y la dimensión no es un factor que me inquiete porque sé que para dirigir una película puedo elegir con quién trabajar y todos los elementos expresivos, porque ese es justamente mi trabajo. Cuando elijo hacer una película, confío en mi instinto y en el trabajo en equipo y propio, y lo llevo hasta las últimas para conseguir lo que creo mejor para que las películas cuenten o sugieran lo que pretendo y a la vez tengan las claves para que cualquier espectador pueda conmoverse en cualquier lado del mundo. En “El cambista” trabajé por primera vez con un elenco de todos actores, encabezados por Daniel Hendler que es mi mejor amigo desde los 12 años, y con Dolores Fonzi, Benjamín Vicuña, Luis Machín y Jorge Bolani. La experiencia fue sensacional, estoy muy contento con el trabajo y con la película que esperamos tener para el año próximo.

“Belmonte” se estrena en Toronto y también estará en San Sebastián ¿Cómo continúa el recorrido de la película?

La película va a ir a más festivales en Europa, en América y Asia. Como todas las películas que hice, tendrá un recorrido por festivales -que por suerte es ilimitado en el tiempo-  y estrenos en salas y ventas a canales de tv y streaming. Contamos con Meikincine como agente de ventas, y la idea es estrenar en salas antes de abril 2019 en el máximo de países posibles.

¿Cómo ves la situación actual del cine uruguayo?

Veo que en el cine uruguayo hay enorme talento aunque siga siendo “el azaroso cine uruguayo”. Veo que no están dadas las mejores condiciones para poder desarrollarse en cine en Uruguay; no hay una cultura del apoyo privado o mecenazgo, algo fundamental en un medio carísimo como el cine. Veo que es contraproducente que políticos alejados de la realidad y gestores que no están capacitados en cultura insistan con una industria de cine en un país sin mercado local, rodeado de potencias cinematográficas con historia y tradición en cine, todos ejemplos admirables de protección a sus cineastas y a sus artistas en general, algo que nos hace más falta en Uruguay.