• Las productoras: Agustina Chiarino, Mutante Cine (Uruguay)

    "Las herederas" de Marcelo Martinessi.

  • Las productoras: Agustina Chiarino, Mutante Cine (Uruguay)

    "Benzinho" de Gustavo Pizzi.

  • Las productoras: Agustina Chiarino, Mutante Cine (Uruguay)

    "Las olas" de Adrián Biniez.

Las productoras: Agustina Chiarino, Mutante Cine (Uruguay)

Agustina Chiarino es una productora uruguaya que trabajó en varios proyectos de Control Z Films y en 2011 creó junto a Fernando Epstein la productora Mutante Cine, que además de producir y coproducir largometrajes co-organiza junto a EAVE el taller Puentes para la formación de productores ejecutivos europeos y latinoamericanos con proyectos en etapa de desarrollo.

Cinco estrenos de 2018 cuentan con participación de Mutante Cine, entre ellos la paraguaya “Las herederas” de Marcelo Martinessi, que viene de alzarse con dos Osos de Plata en el Festival de Berlín. A ella se suma el documental “Locura al aire” de Alicia Cano y Leticia Cuba, “Benzinho” de Gustavo Pizzi, “Las olas” de Adrián Biniez y “Monos” de Alejandro Landes. LatAm cinema dialogó con Chiarino sobre el presente y el futuro de la producción en Uruguay y la importancia de la coproducción en la región.

“Las herederas” es una producción paraguaya en coproducción con Alemania, Brasil, Noruega, Francia y Mutante Cine ¿Cómo fue que una productora uruguayo terminó formando parte de este proyecto y cómo fue el proceso de coproducción?

Conocemos a Martinessi hace ya varios años: yo fui a Paraguay a dar un curso tiempo atrás y Fernando también lo conocía por cuestiones personales. El guion nos llegó porque organizamos Puentes y “Las herederas” fue uno de los proyectos seleccionados. Además yo lo tuve en otros laboratorios de proyectos: en el BrLab donde soy tutora, en algunos fondos, y también en Torino Film Lab. Como Fernando y yo leemos muchos proyectos, enseguida podemos decidir cuál nos impacta de alguna manera o en cuál nos dan ganas de trabajar. Desde el inicio de Mutante Cine tuvimos la idea de abrir nuestro foco. En la época de Control Z casi siempre trabajábamos como productores mayoritarios. En cambio en este caso tratamos de invertir un poco la cosa, de seguir con nuestra línea pero a la vez meternos en algunas coproducciones minoritarias. Y como Uruguay tiene un fondo bastante reciente de coproducción minoritaria, que no es demasiado grande pero es una ayuda junto a Ibermedia, nos metimos a intentar colaborar con la experiencia que habíamos adquirido en estos años en relación a la coproducción internacional, de ayudarlos con la estrategia de cómo conformar una coproducción, quienes serían buenos socios para la película, y además con todo lo vinculado al desarrollo del contenido: guion, casting y el armado del proyecto. Yo estuve en parte del rodaje, me fui a Paraguay, a Brasil, ayudé con el armado del rodaje, del equipo, de qué filmar y cómo. Fernando estuvo más en la parte de postproducción, es el editor. Nuestra idea era meternos en coproducciones minoritarias en proyectos que nos encantaran y hechos por gente en la que confiamos, factor que es tanto o más importante que el proyecto. También era importante sentir que teníamos algo real que aportar más allá de lo económico, que teníamos un know-how para aplicar, no nos interesa estar ahí para firmar papeles sino para tener una participación real como productores. Al principio éramos nosotros, Brasil y Alemania, después por fondos entró noruega con el Sørfond y muy al final, ahora en la postproducción, entraron los franceses,  a pesar de que estuvieron tratando de entrar antes pero no se daba.

¿Por qué consideras que es importante la coproducción con otros países?

Es una forma de retribuir lo que siempre pedimos. Cuando somos mayoritarios otros países colaboran con nosotros, entonces me parece que para nosotros también es una manera de poder, de alguna forma, colaborar con cinematografías de otros lados, porque al final en realidad el cine es el cine. Una buena historia, sea uruguaya o paraguaya, es una buena historia, y nos interesa estar en historias buenas más allá del país. Obviamente para nosotros es mucho más fácil producir en Uruguay porque es el lugar que conocemos con los directores que conocemos, y además no es tan fácil trasladarse. Pero también es muy importante meternos en otro tipo de proyectos.”Las herederas” es una película chica, de un lugar que tiene una cinematografía que quizá se parezca a la de Uruguay hace diez años. Eso está buenísimo, porque tenemos una cosa similar entonces podemos ayudar. Después hicimos otra coproducción minoritaria con Brasil que ya es otro mundo, tiene un cinematografía super desarrollada, un mercado enorme, ¿pero qué le falta a Brasil? El poder mirar para afuera, internacionalizarse, tienen esa cosa de mercado interno muy fuerte. El tratado de Uruguay con ANCINE, que fue el que ganamos para “Benzinho”, ayuda a que se generen colaboraciones, pero por el idioma u otras trabas no habíamos hecho nada antes con Brasil. “Benzinho” fue un proyecto que también conocimos en uno de estos mercados, ya conocíamos a la productora y nos había gustado mucho la película anterior del director (“Riscado”), y este nuevo proyecto nos interesó y decidimos sumarnos. Fue otra experiencia, porque en Brasil no necesitan saber cómo rodar, de hecho me asombró un poco constatar que en películas de bajo presupuesto la infraestructura es totalmente diferente. Yo llegué a un rodaje que en Uruguay lo hubiéramos hecho con la mitad de personas, hay otra cabeza de producción, otra forma de concebirlo. Pero a ellos les está faltando sacar las películas para afuera, saber cómo pueden viajar a festivales, cómo se puede vender, cómo mirar fuera de su país. Esta película estuvo en Sundance en enero y se está vendiendo muy bien, y es una coproducción sólo Brasil-Uruguay. Luego “Monos” es un film colombiano que no es una coproducción oficial, no tenemos fondos de Uruguay ni nada, pero Fernando fue el productor principal y es una película más grande, como de 2 millones de dólares, con más efectos, una movida un poquito más grande que las otras que son más intimistas, entonces es otro desafío de producción.

"La coproducción es una forma de retribuir lo que siempre pedimos. Cuando somos mayoritarios otros países colaboran con nosotros, entonces me parece que, para nosotros, es también una manera de poder colaborar con cinematografías de otros lados."

Te iba a preguntar si están buscando nuevos proyectos pero por lo que cuentas entiendo que van apareciendo casi que sin ser buscados…

Lo que pasa es que Fernando y yo leemos mucho. Leemos para Puentes pero además participamos en el BioBio Lab de Chile, yo estoy en el BrLab, en el Biennale College de Venecia como tutora, entonces leo 300 o 400 guiones por año, y eso está bueno porque veo lo que hay. Además nos llegan proyectos todo el tiempo, aunque no puedas creer, a un país como Uruguay que decís: “¿Quién viene acá a pedir algo?” Pero tenemos esa ventaja de que como somos chiquitos y pudimos vender las películas en varios lados y exhibirlas en festivales grandes, capaz que eso de alguna manera llama la atención. No podemos involucrarnos en todo lo que nos gusta, lamentablemente, y este año se acumularon.  No esperábamos estrenar cinco películas pero se atrasaron algunas cosas y terminó pasando, aunque no es algo que suceda todos los años.

Y además de esos estrenos tienen filmes en otras etapas, como “Alelí” de Leticia Jorge que terminaron de rodar en diciembre ¿Qué otros proyectos están produciendo?

“Alelí” está en edición, es una coproducción con Rei Cine de Argentina que además estamos negociando con Alemania, y quizá también se estrene en el segundo semestre de este año. También tenemos una coproducción minoritaria que se llama “El aparte”, la quinta película de Ezequiel Acuña, producida por la argentina Aramos Cine. Es un thriller psicológico en el ambiente de las carreras de jockeys, las carreras de caballo, y estamos viendo de filmar algo acá. Estamos analizando alguno con Brasil, ahora estamos leyendo tres proyectos para decidir con cuál seguimos. Y también tenemos proyectos de series y una ópera prima que estamos desarrollando como nuestra también con Argentina que se llama “Abrazar a Nelfa”, una comedia esotérica de Ilen Rosenfeld. Eso está en papel, nos estamos postulando a fondos de desarrollo y producción.

¿Qué más debería  pasar a nivel estatal en Uruguay para que mejorara la producción, además de los mencionados acuerdos de coproducción minoritaria?

Lo que pasa es que hay una gran discusión al respecto, porque obviamente que haya fondos para las minoritarias implica que haya menos fondos para las mayoritarias, entonces es un tema candente. Yo creo que es muy necesario que haya premios en las minoritarias, me parece que Uruguay no puede estar todo el tiempo recibiendo cosas de afuera y no dando nada, por más que sea simbólico y más chico. Ni siquiera simbólico, porque 50 mil dólares es bastante, por lo menos es un empujón para que se sume Ibermedia y otras cosas. Ahora se agregó un premio más y son dos, y claro que sería buenísimo que hubiera más, pero tenemos que ver de dónde sale el dinero. Ahora por ejemplo habría que ver cómo extender las reglamentaciones que tienen que ver con impuestos, con exoneración, y con políticas que pueden ayudar a que se filmen cosas en Uruguay. En otros países hay políticas mucho más agresivas y estamos compitiendo a la par, incluso ahora los sueldos no son comparativamente muy buenos en Uruguay. Tenemos obviamente ciertas ventajas pero nos falta para poder volvernos más competitivos.  

¿Cuáles son esas ventajas de filmar en Uruguay?

Tenemos muy buen personal técnico, podemos realmente hacer cosas. También está la ventaja en todo lo que locaciones y facilidades, algo que a veces es complicado en otros lugares, a pesar de que acá se empezó a complicar un poquito más. Y además filmar en este país es más seguro que en otros lados. Tenemos esas ventajas comparativas, pero hay que ir un poquito más allá, porque ya lo ves en la cantidad de proyectos que se presentaron este año en el ICAU (Instituto de Cine y Audiovisual del Uruguay) que es impresionante, es una cosa que está creciendo, hay 40 o 45 para documental. Eso significa que hay nuevas generaciones, mucha gente que quiere hacer cine, entonces si no alimentamos esa industria la gente empezará a frustrarse.