• El documental latinoamericano enfrenta nuevos desafíos en Guadalajara

    Foto de familia del DocuLab 2016

El documental latinoamericano enfrenta nuevos desafíos en Guadalajara

El Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) llega este mes a su 32ª edición, manteniendo un espacio destacado para la exhibición y el estímulo a la producción del documental. Acerca de las diferencias que valorizan al género en la actualidad, de la necesidad de reservarle lugares en este tipo de eventos y de los denominadores comunes en el 9º DocuLab, conversamos en LatAm cinema con dos integrantes del equipo de gestión, Gerardo Salcedo y Lorena Rossette.

“Como espectador siempre que voy a ver un documental al cine tengo la sensación de que he visto algo diferente y en muchas ocasiones el registro íntimo me conmueve. Esta situación no es la norma en el cine de ficción donde, a veces, siento que he perdido un par de horas de mi vida y el costo del boleto”, opina el director de Programación del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), Gerardo Salcedo. De esta forma explicó a LatAm cinema por qué el género documental debe tener un lugar destacado en las salas del FICG.

Los festivales son además “el mejor y, a veces, el único camino para acercarse a uno de los géneros más vitales y ricos de las últimas décadas”, ya que es “muy raro que un documental sea exhibido”.

En este sentido Guadalajara también ha apostado al desarrollo del género y su inserción en la industria audiovisual, mediante el DocuLab, un espacio de estudio que convoca a creadores emergentes y a cineastas de trayectoria internacional, quienes se reúnen en un laboratorio de análisis y búsqueda de la narrativa audiovisual de no ficción. Los directores invitados a la novena edición de este Work in Progress serán Alejandra Islas, Natalia Bruschtein, Rodrigo Reyes, Jacaranda Correa, Charlotte Uzu, Everardo González, Jorge Caballero y los expertos José Rodríguez (Tribeca), Raúl Niño Zambrano (IDFA) y Nicolás Echevarría (FICG).

Los 31 festivales y 8 laboratorios ya realizados permiten preguntarle a quienes hacen este evento qué transformaciones ven en el documental iberoamericano contemporáneo. “Yo creo que es difícil hablar de cambios” respondió Salcedo. “Muchas de las heridas provocadas por la violencia política en las décadas del ‘70 y ‘80 son tan profundas que el tema ha sido revisitado desde los más insólitos protagonistas… Desde las víctimas se ha llegado al retrato de los victimarios. Lo sorprendente en todo caso es que en países que no cuentan con una infraestructura audiovisual, está surgiendo una camada de documentalistas extraordinaria, y quiero sólo mencionar a Tatiana Huezo y a Marcela Zamora de El Salvador, quienes tienen una singular aproximación al documental testimonial. Me gustaría pensar que hay una mirada poética de lo cotidiano en el documental de estos años. Creo que los mejores trabajos tienen esa capacidad de crear imágenes poderosas y hacerlas trascendentes. Del otro lado, muchos de sus personajes ofrecen una riqueza y unos matices extraordinarios”.

"Muchas de las heridas provocadas por la violencia política en las décadas del ‘70 y ‘80 son tan profundas que el tema ha sido revisitado desde los más insólitos protagonistas."

Consecuentemente no es casual algunos de los denominadores comunes que Salcedo observó entre el total de los 206 documentales inscriptos. “Lo primero que nos llamó la atención es el hecho de que los hijos de alguna figura emblemática o presencia cultural están recuperando sus historias familiares a través de los documentales”, por ejemplo en “Pizarro” de Simón Hernández, “El pacto de Adriana” de Lissette Orozco o “La sangre enarbolada” de Luis Palomino. Asimismo “percibimos las crecientes posibilidades de la cámara digital que se convierte en un álbum de fotografía, en crónica íntima y testimonio político/cultural. Por otro lado también se puede afirmar que se ha consolidado una generación de cineastas cuya vocación por el documental es, de hecho, una apuesta vital. Directores como Everardo González, quien llega a su quinto largometraje y que en ‘La libertad del diablo’ a través de una notable estilización de la entrevista personal crea uno de los más impactantes testimonios de la guerra contra el narcotráfico que hemos vivido en México, y Maite Alberdi, quien llega a su tercer largometraje con ‘Los niños’. Finalmente cabe resaltar el valor de las escuelas en el desarrollo del documental de la región”, agregó el director de Programación del FICG32.

La perspectiva del tiempo también permite que la directora del DocuLab, Lorena Rossette, reflexione acerca de la evolución en los proyectos presentados: “Vemos que el nivel de los postulados es cada vez más alto en calidad, talento y experiencia, y que las propuestas están cada vez más determinadas por las vivencias de sus creadores y los viajes que éstos emprenden”. La mejoría del género y de los realizadores también se percibe “en el  enfoque de la construcción de la historia: transitan entre el lenguaje del cine de no ficción y ficción, borrando la barrera de los géneros, así como en el uso y la exploración en equipos tecnológicos de punta como soporte para extender sus proyectos en distintos medios y plataformas”.

Ante este panorama Salcedo plantea algunos desafíos. Teniendo en cuenta que el documental personal y familiar es una de las tendencias más fuertes de los últimos años, resulta “evidente que habrá que separar a la genuina crónica íntima del ego-trip”. Estos virajes en los contenidos ponen en riesgo la asistencia del público porque al ser “propuestas más arriesgadas pueden caer en la indiferencia y el casi nulo impacto en la cartelera comercial”, advierte este responsable del certamen. Sin embargo, hay esperanzas y alternativas: “Gracias a sus formatos digitales y a la promesa de un alcance casi ilimitado, se puede pensar más en una evolución comunitaria, casi autárquica… Aunque no estaría mal que su expansión también llegue de una manera sistemática a la exhibición tradicional. Falta conquistar al gran público”, apuntó Salcedo.

Una vez más “el documentalista debe de ser consciente de las dimensiones de su proyecto y de su trabajo” y la ayuda puede venir del campo. “Curiosamente es el documental rural, por ejemplo, el que se consolida como una experiencia social que trasciende al cine de ficción, cuando regresa en forma de película a la comunidad. Su impacto en términos de construcción de redes sociales es una constante aunque la dinámica social no se transforme. Al día de hoy el documental es nuestra mejor ventana para entender el presente y las contradicciones del sujeto y de la vida misma”. Cuestiones inherentes al género que estarán presentes a partir del 10 de marzo en Guadalajara.