• El lugar de la memoria: entrevista a Jorge Thielen-Armand, director de “La fortaleza”

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El lugar de la memoria: entrevista a Jorge Thielen-Armand, director de “La fortaleza”

El venezolano Jorge Thielen-Armand debutó en 2016 con “La soledad”, filme protagonizado por un amigo de la infancia del director y ambientado en una casa en disputa perteneciente a sus bisabuelos. La película fue estrenada en el 73° Festival de Venecia y recibió numerosos premios internacionales en festivales como Miami, Biarritz y Durban. Hace dos semanas su segundo largometraje, “La fortaleza”, se convirtió en el primer título venezolano en formar parte de la Tiger Competition del Festival de Rotterdam, y en marzo competirá en el Festival de Guadalajara y se proyectará en el European Film Market de la Berlinale, con ventas a cargo de Reel Suspects. LatAm cinema dialogó con el guionista, director y productor sobre este nuevo trabajo protagonizado por su padre y sobre el rol del cine en la apropiación de la memoria.

Tus películas mezclan cosas que sucedieron con situaciones ficticias ¿cómo trabajaste el desarrollo del guion?

Tanto el guion de “La fortaleza” como el de “La soledad” fueron escritos junto a Rodrigo Michelangeli, quien además es el director de fotografía y uno de los productores. La idea surgió de la realidad: mi papá realmente tuvo un campamento turístico en el Amazonas en los años 90, y cuando el campamento falló él se involucró en la minería de oro ilegal. Cuando yo era chiquito él se ausentó por cinco años y regresó con barba y cuentos de violencia y locura. Siempre estuvimos muy en contacto con mi papá, tanto para inspirarnos como para obtener información técnica sobre cómo funciona la minería allí. También fuimos a hacer un teaser, un viaje de inspiración, y recorriendo las ruinas del campamento nos encontramos con Johnny, quien aparece en la película. Lo había conocido cuando era chiquito, entonces fue como un reencuentro con un tío perdido de la selva. Luego con el guion estuvimos en el taller Cine Qua Non Lab y también hicimos el TIFF Writers studio. 

¿Cuáles son las dificultades de trabajar con personas que no son actores profesionales y que además tienen un vínculo muy cercano contigo?

Eso fue un reto en todos los niveles: el personal, el técnico, y hasta el financiamiento. Muchas veces era una de las trancas: llegábamos a una preselección de algún apoyo o taller y al final nos decían: “Tu proyecto estuvo casi seleccionado, pero el comité pensó que no era recomendable hacer la película con tu papá, que no tiene experiencia actoral más allá del rol que tuvo en ‘La soledad'”. 

El proceso con mi papá y los otros actores fue muy largo. Trabajé con Carlos Medina, un coach de actores de Colombia, pero no hicimos ensayos ni ellos se aprendieron el guion. De hecho mi papá nunca vio el guion, ni sabía para dónde iba la historia. Él sabía la sinopsis, pero todos los días yo le mostraba qué íbamos a hacer 30 segundos antes de filmar. Durante el proceso de entrenamiento les enseñamos a reaccionar, a estar presentes, no a actuar. El rodaje fue cronológico, para que todos los días fuera un descubrimiento. A medida que el personaje iba cambiando, la persona también iba mutando con la historia.

¿Cuánto tiempo duró el rodaje?¿Con qué dificultades se encontraron al filmar?

Duró 42 días. Fueron siete meses en total entre preproducción y producción, y pasaron miles de desastres y retrasos, no solamente por el entorno selvático de la comunidad indígena sino también por la crisis en Venezuela. Cuando empezamos a filmar fue el famoso día en el que supuestamente iba a entrar la ayuda humanitaria, entonces el gobierno cerró el espacio aéreo, y se nos pudrió la comida en unos contenedores que íbamos a llevar en avión a la locación. Por otra parte, no pudimos rodar en la locación original del campamento de mi papá porque la comunidad indígena se metió en la cabeza que nosotros éramos una mafia de minería ilegal, entonces nos botaron de la región con machetes. Se juntaron en un shabono, que es una choza grande donde se reúne la comunidad indígena y toman decisiones colectivamente, y nos hicieron una especie de juicio ahí. Rodrigo y yo ya habíamos escrito el guion basados completamente en la geografía y en las personas que estaban en esa región, y tuvimos que echar todo para atrás y buscar todas las locaciones de cero dos semanas antes de empezar el rodaje, en un Parque Nacional cercano que se llama Canaima. Tuvimos que reconstruir las ruinas del campamento y eso para mí fue un trauma, porque el origen de la idea era ahí: así como quiero volver a “La soledad” que es la casa de mis bisabuelos, quiero volver al campamento en la selva de mi papá. Para mí era una catástrofe: perdí la posibilidad de capturar ese espacio y ponerlo en mi álbum de memorias. Al final terminó siendo una ventaja, no sólo a nivel logístico, ya que la nueva locación contaba con un sitio donde quedarse, sino que me permitió concentrarme más en mi papá, más en el personaje y en su interior que en el exterior.

"Creo que estoy haciendo una especie de trilogía que viene del sentimiento de la pérdida: la pérdida de una identidad venezolana, de una familia, de un entorno."

Vives en Canadá hace muchos años y sigues regresando a Venezuela para filmar tus películas, aún siendo consciente de que tendrás muchas dificultades ¿Por qué lo haces? 

Me fui de Venezuela a los 15 años, ya tengo la mitad de mi vida afuera. Eso causa una crisis de identidad muy fuerte, cada vez que regreso me encuentro con un país que no puedo reconocer y que quizá tampoco me reconoce. Hacer películas es una manera de volver a Venezuela, de estar con mi papá siete meses, de archivar algo, de ponerlo en un documento antes de que termine de desaparecer. Siento que, a pesar de las dificultades, es necesario. En Canadá no se ha dado ni tampoco he sentido que tengo una idea honesta que parta de algo adentro mío. Quizá tenga que ver con tomar ese reto: la experiencia de volver, de poner tantas cosas en riesgo, me llena de electricidad, de energía.

Las dos películas que hiciste podrían interpretarse como alegorías de la situación actual venezolana ¿ Tu próxima película, “La cercanía”, va en la misma dirección?

Encuentro la necesidad de hablar de lo que sucede en Venezuela. No puedo simplemente irme y darle la espalda. Necesito hablar de lo que pasa ahora porque tenemos un gobierno que intenta tapar lo que pasa y lo que pasó y cambiar la historia. Hacer películas es capturar algo en el tiempo que no se puede borrar, y la próxima también está relacionada con eso. Creo que estoy haciendo una especie de trilogía que viene del sentimiento de la pérdida. La pérdida de una identidad venezolana, de una familia, de un entorno. Cuando se siente ese desarraigo uno se encuentra con una soledad y tiene que fortalecerse, y ya después es posible la cercanía. Así lo estoy entendiendo y viendo, porque es un proceso que siempre va cambiando, uno lo va descubriendo y todo es muy subconsciente.

¿Cómo fueron sumándose las diferentes empresas internacionales que coproducen “La Fortaleza”?

Las coproducciones con Venezuela son un reto porque el CNAC ahora no está apoyando proyectos, y el país no recibe ayuda de Ibermedia porque el gobierno no paga su deuda, hecho que para mí es una forma de censura porque es un fondo en el que ellos no tienen control de lo que tú dices. Nosotros trabajamos con Felipe Guerrero de Mutokino, que es el coproductor colombiano y el editor, y también fue el editor de “La soledad”. Formamos una relación creativa muy fuerte y se incorporó Colombia como coproducción minoritaria. Luego llegó Francia porque yo había conocido a Louise Bellicaud de In Vivo Films en un encuentro muy informal de coproducción en el Festival de Biarritz en 2017. Su compañía productora está en la región francesa de Nouvelle-Aquitaine, entonces tiene acceso a unos fondos que son muy generosos y muy flexibles. Y Marleen Slot de la holandesa Viking Film intentó unirse al proyecto primero con el fondo Hubert Bals, y como no se dio se tocó la puerta en el World Cinema Fund y se abrió esa posibilidad.

Estás estrenando tu segunda película y en paralelo participando en instancias de desarrollo de festivales con la tercera, ¿cuáles serán tus próximos pasos y quiénes están ya involucrados en “La cercanía”?

Con la nueva película vamos a hacer la producción más centrada en Francia con ln Vivo Films, y también está la colombiana Mutokino. Hemos tenido un arranque muy positivo, porque nos seleccionaron en Torino Film Lab y en la Script Station de Berlinale. Mi mantra siempre ha sido nunca apagar la llama, porque si se extingue tengo la sensación de que puede ser difícil volver a encender el motor. La idea es capitalizar en el lanzamiento de “La fortaleza” para enganchar y poder avanzar a mayor velocidad con el próxim proyecto; usar la distribución de “La fortaleza” como una plataforma para hacer la siguiente.