• Fernando Salem, director de “Cómo funcionan casi todas las cosas”

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  • Fernando Salem, director de “Cómo funcionan casi todas las cosas”

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Fernando Salem, director de “Cómo funcionan casi todas las cosas”

Una década atrás, Fernando Salem surgió como uno de los nuevos directores argentinos a seguir gracias al cortometraje “Trillizas Propaganda!”. Aquella tesis con la que egresó de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC), recibió numerosos premios y se exhibió en infinidad de festivales, como Venecia y San Sebastián. Al año siguiente ya gestaba su ópera prima “Cómo funcionan casi todas las cosas”, la historia de una joven en un pueblo desértico que sale en busca de su madre y su destino. Razones financieras y creativas hicieron que el paso al largo se extendiera tal vez más de lo previsto. Pero la perseverancia es un rasgo que caracteriza al realizador argentino.

Como gusta recordar, en su tercer intento logró convertirse en estudiante de la prestigiosa ENERC. Fue en noviembre de 2015 cuando finalmente “Cómo funcionan todas las cosas” salió al mundo como parte de la competencia argentina del Festival de Mar del Plata, donde Salem fue premiado como el mejor director. Poco después tuvo su estreno comercial en la Argentina, donde actualmente sigue en cartelera en la sala del Malba. Dialogamos con Salem sobre el proceso creativo de su ópera prima, sus referencias e influencias, las dificultades del primer largo, su próxima adaptación de una novela de Romina Paula y la necesidad de ponerse la película al hombro.

Acabas de estrenar en Argentina tu ópera prima “Cómo funcionan casi todas las cosas”. ¿Cuál fue tu principal motivación para narrar esta historia iniciática?

Hay una premisa que nos interesaba con mi co-guionista Esteban Garelli, y podría condensarse en que hay cosas que no tienen explicación. No es mi intención ponerme demasiado profundo, pero por más esfuerzo que hagamos por comprender algunos temas como el amor, la muerte, el sentido de la vida, nos quedamos siempre a mitad de camino o abrazamos un dogma que nos tranquilice. Creo que cuando no entendemos algo, no nos queda otra que sentir. Cuando murió mi abuela Carmen, una mariposa se posó en su mascarilla de oxígeno unos minutos antes y cuando la espantaron, ella dejó de respirar. Cuando mi mamá me lo contó, me dijo también que hasta ese momento nunca había visto a nadie morir y que sintió una paz muy grande. Fue entonces que entendí que no tenía que buscarle una explicación a todo. Que la mariposa no era ni Jesús, ni el Espíritu Santo, ni Buda, ni Mahoma, ni el alma de mi abuela. Entendí que lo importante era rescatar ese momento mágico de paz sin buscar un significado detrás de ello.

La película tiene un tono melancólico, pero también cierto humor absurdo y hasta personajes que hablan a cámara. ¿Cómo fuiste diagramando la estructura narrativa y qué decisiones estéticas tomaste para acompañarla?

El tono melancólico es personal creo yo. Me gustan las películas melancólicas que tienen humor. Podría mencionarte “Buffalo 66” de Vincent Gallo o “Punch Drunk Love” y “Magnolia” de Paul Thomas Anderson; “Felicidades”, de Lucho Bender, las primeras películas de Milos Forman en Checoslovaquia. Creo que la estructura narrativa es bastante lineal, es mucho más fácil para un operaprimista hacer una road movie, porque en términos de estructura resulta más fácil de visualizar o trabajar. Lo disruptivo son las entrevistas de los personajes mirando a cámara y un momento de karaoke a pantalla completa. Podemos encontrar referencias en “Cuando Harry conoció a Sally” o “Annie Hall”. Tuve muchas dudas en incluirlas, pero tuve la idea desde que leí “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño, que está estructurado como una road movie con entrevistas también. Hay elementos literarios que inspiraron el guión, como “Crónicas de Motel” de Sam Shepard y alguna cosa de tono absurdo de Boris Vian en “El otoño en Pekín”.

¿Qué buscabas que aportaran esas entrevistas?

Cada una remite en parte a la trama principal y en parte a las grandes preguntas de la humanidad. Sin ir más lejos, Shakespeare acostumbraba a escribir en sus obras un monólogo de cada uno de los personajes en los que revelan a la audiencia sus pasiones, sus secretos, sus sentimientos. Nosotros hicimos algo parecido y eso ayuda a no juzgar a los personajes, sino entenderlos, perdonar sus miserias y los ayuda a ser más tridimensionales.

En una primera película, ¿en qué medida se opta por ser clásico y en qué medida se asumen riesgos?

Por lo general, uno quiere ser aceptado y, al mismo tiempo, ser uno mismo. Algo parecido sucede con una primera película. Tenía la voluntad de pasar lo más desapercibido posible como director y hacer una película que emocionara y que de alguna forma dejara pensando al espectador, que cuente algo que no se haya contado. Si no ¿para qué tanto esfuerzo? Yo dudaba con poner el karaoke y las entrevistas, por ejemplo. En un almuerzo, hablando con otro director, él me aconsejó: “Hacé lo que quieras, es tu película. En 400 años nadie va a saber quien era Orson Welles, hacé lo que sientas y punto”. Suena un poco duro, pero eso me hizo empezar a apropiarme más de la película y de la forma de contar y asumir riesgos. Por supuesto que no los asumí solo y por suerte casi todo el equipo creyó que era una buena manera de narrar.

Con el cortometraje “Trillizas Propaganda” tuviste un muy interesante recorrido por festivales internacionales y ganaste diversos premios, entre ellos el Cóndor de Plata. El salto al largo se veía como el paso siguiente e inmediato, pero tardó años en concretarse. ¿Cuáles fueron las principales causas que aletargaron la realización de tu ópera prima?

Hubo varias causas. La principal es que todo ese tiempo tuve que trabajar para ganarme la vida y me era muy difícil reunir el dinero suficiente para sentarme a escribir y re-escribir el guión varios meses. Otro de los factores tiene que ver con que cuando presentamos el guión, un año después del cortometraje, quedamos primeros suplentes en el concurso de primeras y segundas películas del INCAA. Dos años después, Miguel Cohan se bajó de su premio para hacer su película “Sin Retorno” por primera vía y eso nos habilitó el premio. Pero el premio estaba devaluado y era prácticamente imposible filmar la película con ese monto. Siempre digo que si me hubieran dado el dinero para hacer la película dos o tres años después de haber hecho el corto, hubiera sido un bodrio. Nos llevó mucho trabajo llegar a un guión que funcione en términos de estructura, que tenga distintas capas de lectura, que sea profundo y al mismo tiempo entretenido, y que sea viable económicamente. No me arrepiento de ninguna decisión y fue un camino sin dudas largo y áspero, pero no aletargado porque fue una lucha cotidiana de casi 3.000 días por cumplir un objetivo. La película siempre fue imposible de hacer y el secreto fue la perseverancia.

Las mujeres son las protagonistas de tus historias, ¿te interesa particularmente el mundo femenino?

Creo que lo que te lleva a embarcarte en un proceso tan largo como es hacer una película es una búsqueda, o un intento por comprender alguna cuestión. En “Cómo funcionan casi todas las cosas” había muchas preguntas al comienzo, pero la cuestión femenina es una pregunta recurrente. Las mujeres son fuertes y los hombres débiles. La fortaleza, un rasgo tan atribuido a la masculinidad potencia a los personajes femeninos como los de Celina y Raquel. Esa mezcla de belleza y fortaleza me parece conmovedora. Hay mujeres que están conectadas con su parte masculina y eso las hace más profundas, lo mismo debe suceder con los hombres que se acercan a su yo femenino. Hay algo en la mujer que no entiendo y que evidentemente me parece magnético y atractivo, y voy hacia allí. Me parece un universo vasto y hermoso para explorar. El proyecto de largo en el que estoy trabajando ahora es “Agosto”, la adaptación de una novela de Romina Paula, también con mujeres protagonistas. Estoy con la escritura del guion de la adaptación y buscando dinero para desarrollo.

"La película siempre fue imposible de hacer y el secreto fue la perseverancia"

“Cómo funcionan casi todas las cosas” se estrenó en el Festival de Mar del Plata poco antes de llegar a las salas argentinas y aún no se ha exhibido fuera del país. ¿Cuál es la planificación para su camino internacional? ¿Cuánto te involucras en eso?

Me involucro muchísimo porque soy productor de la película junto a Tarea Fina de Juan Pablo Miller y Diego Amson, a Utópica de Verónica Cura, Paula Massa y Leandro Borrell, El Perro en la Luna de Sebastián Mignogna y Flora Films de Florencia Poblete. La verdad es que cerramos la película justo antes de Mar del Plata, fuimos seleccionados y teníamos que estrenarla comercialmente antes de fin de año, así que necesitábamos mucho los premios de Mar del Plata para poder estrenar con un empujón de promoción. Haber ganado Mejor director de la competencia argentina y mejor guión argentino de todas las competencias fue una gran ayuda. Luego del estreno, estamos enviando a festivales, queremos que la película se vea lo máximo posible.

¿Cómo fue la experiencia del lanzamiento comercial, que actualmente es la gran problemática para el cine argentino?

El lanzamiento comercial lo organizamos con los productores, todos hicimos todo. Pensamos en un lanzamiento chico pero con el premio de Mar del Plata llegó el interés de otras salas y salimos en varias más. Creo que es importante cuidar a la película y exhibirla en los circuitos de los espectadores de ese tipo de film. Por ejemplo, estuvimos en salas muy comerciales y competitivas y teníamos que pelear mucho para sostener la media. Llegué a repartir volantes en el Abasto y convencer a gente para que se meta en el cine para ver nuestra película cuando querían ver la de James Bond o la de Spielberg. Después el boca a boca ayudó y podemos decir que a la peli le fue muy bien. Personalmente decidí ponerle el cuerpo a la película, me contacté con periodistas para que la difundan, me acerqué a la gente de las boleterías para que la recomendara, llevé fotocopias de las críticas para que las pongan junto al afiche…Creo que los directores tenemos que llevar la película abajo del brazo y golpear puertas, hablar con el público, con el acomodador, con el boletero, con el dueño del cine, ir a las funciones, hablar con el público. Trabajamos durante 9 años para hacer una película ¿cómo voy a permitir que se extinga en 2 semanas de exhibición?

¿Cómo fue la repercusión en el público?

Del público solo tengo agradecimiento. En cada proyección gente con los ojos llenos de emoción se acercaba para felicitarnos, para contarnos su punto de vista, para hacernos preguntas. El público es muy agradecido cuando lo movilizás, cuando no lo subestimás, cuando lo hacés trabajar durante la película, lo hacés pensar y cuando sale del cine más feliz de lo que entró. La gente va al cine para vivir en 90 minutos algo que en la vida real no puede vivir. Va a sentir algo mejor de lo que podría sentir afuera de la sala, va a que la hagas pensar, a que le cuentes un cuento. Hay que tenerlo claro y es una gran responsabilidad que tenemos como realizadores. Muchas veces estamos más preocupados por lo autoral y por el ego que por lo narrativo y eso puede llegar a ser contraproducente. Creo que apresurarse por poner el nombre de uno en el afiche o en el trailer como “una película de…”, cuando aún no sos una “marca” o una garantía de calidad de la película, es un error. Lo entiendo de Campanella, Trapero, Martel, Caetano, Aristarain, Favio… quizás es mejor poner “de los productores de…”, pero tenemos que tener en claro que ese es un espacio de venta, un cartel que hay que ganarse, no un espacio para que nuestros padres se sientan orgullosos.

“Trillizas Propaganda!” fue tu tesis de la ENERC y -de alguna manera- tu carta de presentación en el cine por el camino recorrido. ¿Cómo ves el corto tantos años después de su realización?

Cuando entré a la ENERC sabía que tenía que salir con un corto bueno si quería trabajar de director. Cuando digo corto bueno quiero decir “que se entienda” . Lo que pasó con “Trillizas Propaganda!” fue un sueño porque no solo me permitió ganarme la vida como realizador sino que nos trajo premios y la pista de que podía dedicarme a esto. Hace poco, para los 50 años de la ENERC, fui a una proyección con los cortos más destacados de la escuela. Estaban los trabajos de Gustavo Mosquera, Ana Poliak, Beda Docampo Feijóo, Tristán Bauer, Fabián Bielinsky y el último era “Trillizas Propaganda!”. Hacía mucho que no lo veía, soy muy crítico con mi trabajo y hay cosas que me parecen imperdonables, pero hay otras que me parecen muy tiernas y algunas cosas en común con “Cómo funcionan casi todas las cosas”, a pesar de que una transcurre en una pileta y la otra en el desierto. A pesar de todo me siento muy orgulloso de “Trillizas Propaganda” y me hace feliz que sea una obra que siga estando viva, porque de vez en cuando me la cruzo y me vuelve a emocionar.

Imágenes de “Cómo funcionan casi todas las cosas”.