Los programadores: Raúl Camargo, Director artístico del Festival de Valdivia

Con dos décadas cumplidas, el Festival Internacional de Cine de Valdivia (FICV) es el certamen más reconocido de Chile. Con una programación consagrada al cine de autor internacional y a la producción nacional, cuenta con el espacio de industria Australab. FICV tiene como director artístico a Raúl Carmargo, quien encabeza un equipo de programación que cuenta con reconocidos profesionales como el realizador José Luis Torres Leiva (“El cielo, la tierra y la lluvia”) y el guionista Gonzalo Maza (“Gloria”).

Trabajas desde hace varios años como programador en el festival y el panorama ha ido cambiando en este tiempo. ¿Cuál es el desafío como programador en la actualidad?
El desafío tiene que ver con replantearse la programación constantemente. Y esto tiene que ver con que muchas veces uno puede pensarse desde una resistencia que justamente termina siendo algo convencional. Al comenzar a trabajar en la programación del festival en 2007, junto a José Luis Torres Leiva, teníamos una idea de cine muy clara, que a nivel chileno no estaba siendo defendida. Entonces tomamos decisiones específicas. Nosotros apostamos por hacer una diferenciación. Empezamos a tener películas que eran como las joyitas de las secciones paralelas y las pusimos en la sección oficial. Oficializamos lo paralelo. Nos dimos cuenta que gran parte de los festivales latinoamericanos se dedicaban a ser réplicas de otros festivales, y como nosotros teníamos una buena fecha podíamos mostrar películas que no iban a apostar otros o por las que quizá apostaban después. Pero lo que defendíamos entonces, que era resistencia, un cine vulnerable, frágil, se transformó en el canon. Nuestro orgullo era no replicar, pero también éramos parte de un gusto internacional. Y es ahí el plantearse constantemente la programación. Estamos en un momento de replanteamiento con respecto a las lógicas de qué se selecciona y cómo se selecciona. Lo peor que puede hacer un festival es empezar a cumplir ciertas cuotas. Uno siempre tiene que estar abierto a la producción y no seguir una fórmula y dejar que el cine te vaya sorprendiendo.

A la hora de seleccionar el material, ¿qué tan limitado te ves por cuestiones presupuestarias?
En la selección oficial, nada. Nosotros tenemos una regla de oro y es que no pagamos screening fee en competencia. Invitamos a los directores, aunque por temas de presupuesto no podemos invitarlos a todos, así que generalmente invitamos solo a los realizadores de países cercanos. No tenemos ningún tema presupuestario con respecto a la selección oficial, que se nutre festivales y convocatoria, hay películas que llegan por este medio especialmente desde que el festival se volvió más conocido y hago homenaje a “Aquel querido mes de agosto”, que creo fue la primera película que nos permitió una visibilidad internacional.

¿En qué festivales buscan películas?
Tenemos festivales muy afines, como Marsella y Locarno. Festivales que uno confía en que ahí hay un cine que nos interesa. Y también indagamos en las selecciones oficiales nacionales de los festivales. Lamentablemente no tenemos presupuesto para viajar a muchos festivales, entonces confiamos en las selecciones nacionales de los diferentes países. Ahí uno va componiendo, entre convocatorias, selecciones nacionales y festivales en los que uno tiene certeza que hay un cine importante.

¿Cómo es ese proceso con el cine chileno?
Generalmente las tenemos cazadas antes de la convocatoria. Como Valdivia tiene una tradición importante en Chile, tenemos la ventaja de que el cineasta nacional en general quiere ir a Valdivia. Lo pone como primera opción. Sin embargo, también hay un trabajo de rastreo de información y búsqueda constante de los próximos largometrajes. Gracias al trabajo del equipo y el trabajo del director, productor o distribuidor, se produce esa sinergia que hace que tengamos un porcentaje altísimo de la producción nacional para elegir.

¿Consideras que un festival con un cine de línea autoral está limitado al público cinéfilo?
Me parece que hay una idea equivocada en cuanto a público en los festivales. En general se habla de público como generalidad, y que por ende hay que acercarse al público con películas de narrativas simples y fáciles. Y se cree que las películas difíciles se hacen a espaldas del público. A mi modo de ver, las películas difíciles se están haciendo para el público, porque implican un compromiso del público. No hay nada más irresponsable que una película que le dice al espectador todo lo que le tiene que parecer. A sabiendas que un festival cumple con un rol social en una ciudad específica, tenemos como norma saber que un festival es la embajada del cine en el mundo. Y por ende, la primera cuenta que tiene que rendirle es al cine. También hay que pensarlo a nivel orgánico como un cuerpo, y cada órgano tiene una función. Hay películas que son para la familia, otras para la junta de vecinos…pero en lo global lo pensamos como una embajada del cine. Uno no puede establecer a priori de que por buscar un público le tiene que dar lo más fácil. Y lo fácil es lo que domina la pantalla.

Cynthia García Calvo.

"“Tenemos como norma saber que un festival es la embajada del cine en el mundo”"