• “Los tiburones” en aguas uruguayas: Entrevista a la directora Lucía Garibaldi

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“Los tiburones” en aguas uruguayas: Entrevista a la directora Lucía Garibaldi

Rosina (Romina Bentancur) es una adolescente que jura haber visto un tiburón en las playas de su pueblo. Mientras los vecinos se organizan para protegerse, ella ataca otros peligros que la circundan, como la crisis económica que atraviesa su familia o el propio despertar sexual. “Los tiburones”, producida por la uruguaya Montelona Cine, coproducida por la argentina Trapecio Cine y con coproducción en postproducción de la española Nephilim Producciones, tuvo su estreno el pasado enero en el festival de Sundance, donde se llevó el premio a mejor dirección. Recibió además tres galardones en el festival de Guadalajara, el premio especial del jurado en BAFICI y el Grand Prix de Toulouse. Este jueves 6 de junio llega a salas uruguayas. Previo a esto había ya recibido dos premios en Cine en Construcción, el working in progress del festival de San Sebastián, y participado en 3 Puertos, BAL de BAFICI y Puentes EAVE. LatAm cinema dialogó con su guionista y directora Lucía Garibaldi sobre el proceso de realización de su primer largometraje y los proyectos a futuro. 

“Los tiburones” es una película con muchos años de trabajo: la primera vez que oímos de ella fue cuando ganó el fondo de desarrollo de guion del ICAU en 2011. ¿Cómo fue el proceso para conseguir financiamiento y en qué momento supiste que la película se iba a hacer?

Luego de esa ayuda para desarrollo de guion en 2011 hubo un momento en el que abandoné. Todo se reactivó cuando empecé a trabajar con el productor Pancho Magnou en 2015, después de ganar el fondo para desarrollo de proyecto. Allí fui a 3 Puertos Cine, y gracias a este laboratorio di con Romina, porque ellos me pidieron que trabajara con una adolescente. A partir de ahí conseguimos el financiamiento en dos años, tuvimos mucha suerte. También a la coproductora, Trapecio Cine, la conocimos en ese laboratorio, y ya con ellos en el equipo fue que ganamos los fondos de producción en 2017.

En las devoluciones del público suelen mostrarse más conmovidas las mujeres, quizás porque la historia de Rosina las conecta con una sensibilidad de su propia adolescencia que le puede resultar ajena a algunos hombres. ¿Esperabas esas reacciones?

No sé cuál es la razón de que a las mujeres les llegue más, pero es así, es bastante notoria la diferencia. No hice la película pensando en un objetivo. Tampoco sé si es una película femenina, ni sé qué quiere decir que una película sea femenina o masculina. Creo que pedirle eso a una obra es complicado, porque no tiene por qué ser una cosa o la otra, puede ser ambas. Muchas veces hablan de una sensibilidad femenina y yo creo que lo que tiene “Los tiburones” es una mirada personal. Igualmente algunos hombres conectan, los lleva a esa época, como Pancho o Germán (Nocella, director de fotografía) que estuvieron cerca en el proceso de escritura y se sintieron identificados con la deformidad que es ser un adolescente. Pero yo creo que para las mujeres esa etapa es muy diferente y particular en todos los sentidos.

La película tiene una estética pop y algunos momentos que rompen con ciertos aspectos formales, como escenas en cámara lenta ¿Estas fueron decisiones que tomaste a medida que iba avanzando el guion o en la etapa de producción?

Había algunos momentos que eran tres palabras en el guion. Yo decía “Esto lo vamos a hacer medio raro” o “Vamos a hacer unos planos medio fantásticos”, y  nadie entendía mucho. No sabía exactamente qué, pero yo quería jugar un poco, porque también tenía la cuestión de que era mi primera película y no sabía si iba a hacer otra, entonces tanto yo como el equipo decidimos arriesgarnos. Por ejemplo en un momento el fotógrafo me dijo “Si vamos a hacer colores, vamos a jugárnosla de verdad”, y en toda la puesta de iluminación, de búsqueda de locaciones, de vestuario y de arte se apuntó al color. Y ese momento de las cámaras locas fue algo que resolví en el rodaje, pero ya sabía que quería cámara lenta y ya habíamos elegido un lente que deforma medio redondo. En realidad esas pequeñas cosas fueron lo único que estaba sólo en mi cabeza y el equipo no sabía bien lo que iba a pasar, ni siquiera el montajista: esos momentos los edité yo, porque lo tenía que resolver ahí con el material, no lo podía poner en palabras. Incluso a veces agarré la cámara, pero en momentos muy chiquitos. Hay algo que me sirvió mucho y es que fui al rodaje con todo ese universo de pantallas que aparecen en la película ya resuelto, ya lo había editado. Entonces creo que cuando el equipo vio el nivel de terrajismo de esas pantallas nos pudimos alinear mucho más y entendimos todos de qué estábamos hablando, y con la música pasó algo similar.

"No sé si es una película femenina, ni sé qué quiere decir que una película sea femenina o masculina. Creo que pedirle eso a una obra es complicado, porque no tiene por qué ser una cosa o la otra, puede ser ambas."

La película ganó el premio a mejor dirección en Sundance y fue la primera vez que Uruguay participó en ese festival ¿Cómo ves el momento actual del cine uruguayo?

Creo que el cine uruguayo está creciendo, que estamos haciendo cada vez más películas por año, cada vez más diversas. Creo que ya no se puede hablar de un cine uruguayo como se hacía hace unos años. Ahora tenemos en poco tiempo películas como “La noche de 12 años”, “Fiesta Nibiru” y “Los tiburones”, entonces me parece que está bastante ecléctico acá. Estaría bueno que tuviéramos más herramientas para hacer, como las que tienen países como Argentina o Colombia, herramientas para no tener que esperar tanto para ganar un fondo. En los últimos tiempos han estado saliendo películas nuevas, creo que estamos experimentando más. Estoy hablando de mi generación: “La noche que no se repite” de Aparicio García y Manuel Berriel, “Carmen Vidal mujer detective” de Eva Dans, o las películas de Agustín Banchero o Matías Ganz. Quizás ahora es más diverso, no somos como esa generación que hacía películas que tenían más que ver, lo cual estaba relacionado al hecho de que eran amigos y tenían intereses en común.

Ya han participado en importantes festivales de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. ¿Hay planes de incursionar en circuitos y mercados menos tradicionales, como Asia o África?

Estamos tratando de movernos por todos lados junto al agente de ventas, Visit Films. La película ya se ha vendido a Corea del Sur, Nueva Zelanda, África Subsahariana y países de la ex Unión Soviética.

¿Qué expectativas tenés respecto al estreno en tu país?

Por un lado está todo el lado bueno, y es que la gente la quiere ver. Por otro lado, no sé qué se pensarán que es la película. Y una cosa que pasa con las películas uruguayas a las que les va bien afuera, o que ha pasado, es eso de que nadie es profeta en su tierra. Si afuera hay algo que resuena y que gusta, cuando el espectador uruguayo se ve a sí mismo en la pantalla, su lugar, su manera de expresarse, no siempre le parece muy bien. Creo que el hecho de que nos haya ido bien en festivales también logró que estemos en varias pantallas en Montevideo y varias localidades del interior, y estrenar en tantos lugares es una especie de celebración: yo sentí una bienvenida por parte de los colegas y los circuitos de distribución, y en eso tuvieron que ver los premios. Ahora me toca conocer a un público distinto al que yo todavía no me enfrenté, un público que paga la entrada y quiere que le retribuyas el dinero.

Cuando estabas haciendo “Los tiburones” no sabías si iban a venir otras películas, pero ahora ya estás trabajando en nuevos proyectos…

Estoy acostumbrándome a tener varias cosas en la mente. Me parece que es sano andar escribiendo dos o tres al mismo tiempo, sobre todo en este año tan particular en el que mi ubicación territorial va variando tanto que tengo que tener algo en la cabeza que me deje poder ir siempre al mismo lugar y me obligue a tener cierta rutina y responsabilidad, entonces me estoy llenando de cosas. “La última reina”, aunque no sé si se va a llamar así, acaba de ganar el fondo de producción del ICAU. Es un proyecto que me tiene entusiasmada, una película más compleja. La historia transcurre en un Montevideo actual un poco distópico, podríamos decir una realidad alterada, donde hay pocas personas, y la protagonista es una de las pocas que quedan y vemos cómo vive sus vínculos y su cotidianeidad. La idea es filmar en el segundo semestre de 2020. Ya tenemos socios argentinos, Cimarrón, y estamos buscando nuevos socios, particularmente europeos.