• Chris Gude, ganador del wip de Mar del Plata con “Morichales”

    El director durante el rodaje del filme.

  • Chris Gude, ganador del wip de Mar del Plata con “Morichales”

    Fotograma de "Morichales".

Chris Gude, ganador del wip de Mar del Plata con “Morichales”

“Por hacer una película que documenta y ficciona la figura del minero en su destino trágico de víctima del sistema y verdugo del planeta. Por la curiosidad que despierta el material y la extraña potencia de su voz en off“. Actuando como miembros del jurado del work in progress Competencia en Tránsito en la reciente edición del festival de Mar del Plata, los productores Montse Triola, Zsuzsanna Kiràly y Sandra Gómez justificaron así su decisión de otorgar el premio de esta sección a “Morichales”, de Chris Gude.

Gude agradeció el galardón y comentó: “La paradoja de ser víctima y verdugo es una trampa existencial que a casi todos los seres humanos nos toca confrontar”.

Nacido en Nueva York, donde cursó estudios de antropología y geografía en el Middlebury College, Gude se marchó a Medellín, Colombia, antes de terminar su carrera. Allí trabajó en un campo de refugiados como asistente de investigación del antropólogo Aldo Civico, que estaba estudiando la desmovilización de los paramilitares.

Con “Morichales”, Gude cierra una trilogía experimental sobre la explotación y el tráfico de una serie de productos con un enorme alcance económico, político e incluso mitológico (cocaína, whisky, oro) en la frontera de Venezuela y Colombia.

“Morichales” es una producción de Felipe Guerrero y Chris Gude desde la colombiana Mutokino (“Los Conductos”, de Camilo Restrepo, ganador del premio a la mejor ópera prima en Berlín este año).

En la entrevista, Gude habló también de su próximo proyecto: un western basado en la vida del bisabuelo de Hugo Chávez.

“Morichales” describe los trabajos de un “hipotético” geógrafo y explorador. Me gustaría que explicaras un poco tu concepción del documental y a dónde crees que llega y no puede hacerlo la ficción…

Mis películas son mapas de regiones, generalmente territorios marginales o fronterizos, y siempre con gente real como protagonistas. Sería imposible recrear en la ficción el trabajo y el arte del minero y su intervención en la Naturaleza. Lo que hago es desarrollar temas subyacentes a través de las ilustraciones y la voz de un personaje de ficción (el geógrafo “hipotético”) que explora y observa las minas. Es una licencia poética.

Un “falso documental” con unas técnicas muy diversas…

La narración combina elementos propios de diarios de viaje, monólogos interiores y reflexiones observacionales. En sí misma es un acto de minería, ya que explora diferentes capas de los fenómenos económicos, sociales y naturales. El personaje del geógrafo, a su vez, registra un arco personal en su viaje heroico por este espacio, cuestionándose a sí mismo y la incierta fortuna del hombre. No lo vemos, pero las entonaciones de su voz expresan sentimientos, emociones, conflictos…

¿Qué es lo que hace de “Morichales” una propuesta cinematográfica singular? ¿Cómo la definirías en términos formales?

Sus principales características formales son el uso de la película de 16mm, las ilustraciones y un narrador, así como el diálogo entre estos tres elementos. El uso del 16mm inspira una reflexión sobre la materialidad de la propia imagen. Los granos de su textura se corresponden con los sedimentos de los que nace el propio tema de la película: el oro. Creo que se establece una relación misteriosa entre la imagen y sus componentes materiales, que a su vez se vincula estrechamente con la misteriosa naturaleza del oro y su valor. El uso de ilustraciones y representaciones pictóricas compite con la imagen cinematográfica en la representación de la realidad. Es una tensión que se desarrolla a lo largo de la narración, a medida que la realidad se vuelve cada vez más difícil de capturar. La voz de un narrador, al que nunca vemos, guía las imágenes y, a su vez, las imágenes constituyen la experiencia viva de sus palabras y comentarios. Por otra parte, el sonido general no está sincronizado; se trata de diferentes capas construidas de distinta manera.

 

"La paradoja de ser víctima y verdugo es una trampa existencial que a casi todos los seres humanos nos toca confrontar."

“Morichales” cierra una trilogía, después  de “Mambo Cool” (2013) y “Mariana”(2017). ¿Qué une a las tres películas?

Las tres giran en torno al tráfico ilegal de mercancías igualmente cargadas de riesgo, magia y seducción. En “Mambo Cool” fue el inframundo del microtráfico de cocaína y sus derivados en las calles de Medellín. En “Mariana” fueron la gasolina y el whisky, estrellas del contrabando en los desiertos fronterizos entre Colombia y Venezuela. Ahora, con “Morichales”, he regresado a mi travesía fronteriza, esta vez con el oro. Las películas también están conectadas a través de mi colaboración con Jorge Gaviria, que actúa como protagonista de las dos primeras, e interpreta al geógrafo y narrador de “Morichales” con su voz profunda, terrosa y envolvente.

¿Qué referencias cinematográficas crees que tiene “Morichales”?

En realidad, mis inspiraciones proceden más bien de las comisiones corográficas del s. XIX  en Colombia y Venezuela. Ahora es una palabra casi fuera de uso, pero la corografía es un concepto importante en la historia de estos países, que enviaron equipos de guerrilleros independentistas, topógrafos y artistas para levantar un testimonio cartográfico de la nueva nación y poder representar así el paisaje con una perspectiva etnográfica (algo que contrasta fuertemente con los mapas de hoy, donde la representación pictórica ha desaparecido).

¿Y alguna otra de tipo científico o humanístico?

Sí, luego están los exploradores románticos del siglo XIX, como Theodor Koch-Grünberg, los hermanos Schomburgk, Carl Von Martius y Alexander Von Humbodlt. Estos exploradores practicaron enfoques más holísticos para representar el paisaje, la flora, la fauna y las culturas humanas que los habitaban.

Trabajando antes de la hiper-especialización de las ciencias, estos filósofos naturales combinaron muchas disciplinas para contar la historia de los territorios que exploraron. Su perspectiva interdisciplinar ha sido esencial para asumir las complejidades de un fenómeno como la extracción del oro en Venezuela.

En tu experiencia, cuál crees que es la mejor vía para distribuir un largometraje experimental?

A través del cada vez más amplio circuito de festivales, y también plataformas. En trabajos con contextos sociales e históricos como “Morichales”, resulta fundamental asociarse con museos e instituciones culturales y educativas interesados en estos temas.

¿Cuentan ya con agente de ventas?

Ya estamos trabajando para establecer relaciones con ciertas organizaciones clave que tienen acceso a una red más amplia, como la compañía Aspect Ratio, que ha representado películas de Luis Miñarro, Miguel Llanso y Nele Wohlatz. En Colombia, vamos a distribuir a través de nuestro productor y distribuidor Mutokino.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Tras cerrar un primer ciclo con “Morichales”, ahora me gustaría embarcarme en nuevos senderos narrativos, manteniéndome cerca del territorio geográfico –las tierras fronterizas entre Venezuela y Colombia– y temático que ya exploré en este primer ciclo que ahora se cierra. El proyecto es un western en las llanuras venezolanas, a lo largo de los afluentes del Alto Orinoco, inspirado en la vida del bisabuelo de Hugo Chávez, Pedro Rafael Pérez Delgado, también conocido como “Maistanta” o “El Americano”, un vaquero proscrito y luchador por la libertad. El título es justamente ese: “El Americano.” También estoy desarrollando un guion titulado “Marisol” sobre la historia de los piratas en el Caribe que tiene lugar en la península de Guajira.