Gonzalo de Pedro, programador del tercer Festival 4+1 de la Fundación Mapfre

Del 21 al 25 de noviembre se celebra la tercera edición de Festival 4+1 de la Fundación Mapfre. Gonzalo de Pedro es uno de los cinco programadores de este singular certamen que se desarrolla simultáneamente en cinco ciudades diferentes (Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México, Madrid y Rio de Janeiro). En esta nueva edición la ganadora de la pasada Palma de Oro de Cannes -“Amor”, de Michael Haneke- inaugurará el certamen en Madrid, mientras que los filmes “Nosferatu” y “The Wild Blue Yonder”, del Invitado de Honor Werner Herzog harán lo propio en Bogotá y Río de Janeiro, respectivamente. “Bonjour tristesse” de Otto Preminger abrirá el Festival en Buenos Aires y “Born to be bad”, de Nicholas Ray, en Ciudad de México. El público de los cinco territorios –que podrán seguir el certamen a través de la plataforma on line Filmin, decidirá con su voto cuál será la película ganadora del Premio del Público 4+1, dotado con 20.000 euros. De Pedro explica a LatAm Cinema la filosofía de este auténtico “festival de festivales”.

¿Cómo es el día a día de un programador del Festival 4+1 antes y durante el certamen?
No hay dos días iguales, dado que todos los programadores del festival somos además profesores, o críticos, o programadores independientes, cada uno desarrolla otros trabajos al mismo tiempo. En cualquier caso, el mínimo común entre todos nuestros días es, obviamente, ver películas. En ocasiones las vemos en festivales como Cannes, BAFICI, San Francisco, y en otras las vemos en casa. Durante el certamen, nuestro trabajo cambia, y nos ocupamos de presentar las películas y mantener debates con el público y los directores que asisten.

¿Cuáles son los principales criterios de programación del Festival 4+1?
Programar no es acumular películas, un trabajo que parece muy sencillo, y que en realidad es muy sencillo… de hacer mal, sino crear un conjunto de films que funcione de forma orgánica, que dialoguen entre ellos (incluso llevándose la contraria en ocasiones). Nos parece que la selección ha de responder a lo que está pasando en el cine no comercial en el mundo, que intente ser un retrato, borroso, de lo que se mueve en el cine contemporáneo, intentando abarcar muchos aspectos, cada año diferentes, o no: la eclosión de los géneros en el cine de autor, la creciente importancia del cine documental, este año el cine que responde a la realidad política…. Y nos gusta que, a la vez, sea una defensa de un cine combativo, en las formas y en el fondo, capaz de llegar al público. Es decir: películas que no pierden su conciencia de obra de arte sin dejar de buscar un espectador. Por acabar con esa idea, errónea, de que los autores no piensan en el público.
Además de eso, trabajamos con dos condicionantes objetivos, que son los que nos marcan el terreno de juego, el campo en el que podemos trabajar: que las películas hayan pasado por festivales internacionales de prestigio, y que no hayan tenido estreno comercial en ninguno de los cinco países. Porque el objetivo del festival no es entrar en competencia con otros festivales, sino más bien multiplicar su tarea, y abrir nuevas ventanas a unas películas que generalmente encuentran serias dificultades para estrenarse en salas comerciales.

¿Cuántos programadores seleccionan la programación de 4+1 y cuántas películas evalúan anualmente para su selección?
Somos cinco programadores, tres en España, uno en Buenos Aires, y una en Los Ángeles: Carlos Reviriego, Alex G. Calvo y yo mismo en España, Manuel Ferrari en Argentina, y Garbiñe Ortega en Estados Unidos. Respecto a la segunda pregunta, no hay una respuesta clara, porque hay que contar las que vemos en festivales, muestras, las que nos envían, etc. En realidad, uno nunca deja de programar, y cualquier película que veamos, la ves siempre con un ojo puesto en la programación.

¿Cómo coordinan todo el trabajo con Buenos Aires y Los Ángeles?
Manuel Ferrari, vive en Buenos Aires, y Garbiñe Ortega en Los Ángeles. Como es lógico, nos coordinamos por internet, a través de correo electrónico, Skype, y documentos compartidos. Como el trabajo de programador es en su mayor parte solitario (ver películas puede hacerse en grupo, o en soledad), no hay grandes problemas. Intentamos reunirnos al menos una vez al año, aunque no siempre se puede. Es cierto que sería deseable poder juntarnos y discutir la programación en persona, pero hemos llegado a una dinámica de trabajo muy fluida, y nos aprovechamos de las distancias, en lugar de convertirlas en un obstáculo: el hecho de estar repartidos nos ayuda a tener los ojos puestos en otras realidades, cinematográficas y políticas, y eso enriquece inevitablemente la selección y los criterios.

¿Intentan regular de algún modo que no haya mayoría de títulos de una determinada región o país en el programa?
No nos ponemos cuotas, nadie debería hacerlo, pero como decía antes, sí intentamos que la selección funcione como una foto más o menos fiable de lo que ocurre en el cine mundial, tanto en tendencias como en potencias regionales.

¿Qué destacaría de la presencia latinoamericana en el Festival de este año?
Nunca se debe preguntar algo así a un programador, porque la selección debería defenderse y hablar por sí misma, y destacar unos títulos por encima de otros sería injusto respecto a los no citados. Es más: un programador debe ser capaz de defender todas las películas elegidas, porque si forman parte del programa es que hay razones para que estén ahí. Sí que diré que este año hemos tenido muchos más títulos latinoamericanos que otros años en discusión, y todos ellos realmente significativos, lo cual es una muestra de algo indudable: hay un cine cada vez más potente por toda Latinoamérica, y no solo en México, Brasil o Argentina, que siempre han sido las potencias audiovisuales de la región.

Este año el director alemán Werner Herzong es el invitado de honor ¿ha sido complicado incluir algunos títulos suyos en la programación?
¿Complicado? ¡Incluir a Herzog en una programación no es complicado, es un lujo! Volviendo a ver sus películas uno se da cuenta de cómo Herzog es un ejemplo de integridad e inteligencia a seguir. En los años 80, inexplicablemente, cayó en desgracia para la cinefilia mundial (que, no nos engañemos, es tan dada a las modas como los adolescentes a la ropa de marca), y él, en lugar de plegarse, se volcó en un cine insobornable y con el que contribuyó a dinamitar los cimientos del cine documental.

Por último, el Festival 4+1 está apostando por las nuevas plataformas de distribución on line para su difusión ¿Cuáles son las razones fundamentales de esta apuesta?
La verdad es que la decisión de la distribución on line no corresponde a los programadores, que nos limitamos a elegir películas para que se vean, sino que es una política de festival que apoyamos y nos parece necesaria y valiente. Cuantas más posibilidades de llegar al público, mejor, porque para eso hacemos el festival, para que las películas se vean y encuentren nuevos espectadores. Es decir, que las razones últimas de esto habría que preguntárselas a Pablo Jiménez Burillo, Director General del Instituto de Cultura de Fundación Mapfre. Pero estoy seguro de que explicaría algo muy similar: de lo que se trata es de multiplicar las posibilidades de que las películas se encuentren con sus espectadores, y si para ello hay que recurrir a internet, bienvenido sea. Es obvio que hay que dejar de ver a Internet como un enemigo (ese es el discurso miedoso de una industria que no se atreve a cambiar, y que busca culpables donde solo hay colaboradores), y aprovecharse de sus posibilidades. ¡Usamos internet desde hace quince años, Internet no es el futuro, es el presente!

"“Programar no es acumular películas, sino crear un conjunto de films que funcione de forma orgánica”"