• Luiz Bolognesi, director de “Ex–pajé”, en competición en Panorama de la 68º Berlinale

  • Luiz Bolognesi, director de “Ex–pajé”, en competición en Panorama de la 68º Berlinale

  • Luiz Bolognesi, director de “Ex–pajé”, en competición en Panorama de la 68º Berlinale

Luiz Bolognesi, director de “Ex–pajé”, en competición en Panorama de la 68º Berlinale

Su película “Ex–pajé” (“Ex-shaman” participa en la sección Panorama de la Berlinale. Luiz Bolognesi es un cineasta integral brasileño. Como guionista, sus créditos incluyen “Las mejores cosas del mundo” (Laís Bodanzky, 2010), “Bingo: O Rei das Manhãs” (Daniel Rezende, 2017) y “Bicho de siete cabezas (Bodanzky, 2000) entre otras. Como director “Ex-pajé” es su segundo largometraje, siendo el primero la película de animación “Rio 2096: Una historia de amor y furia” (2013). Y como productor ha estado detrás de sus dos películas como director y de “Chega de Saudade” (Bodanzky, 2007) entre otras. LatAm cinema conversó con el director paulista sobre su más reciente trabajo.

“Ex-pajé” es un documental respetuoso, sin adornos estilísticos, honesto, pero con una historia y unos protagonistas tan definidos que se instala también en el territorio de la ficción. La película gira alrededor de un ex chamán que habiendo sido obligado a abrazar la religión evangélica, ahora siente la necesidad de reanudar el diálogo con los espíritus ancestrales, porque la muerte acecha a una de los suyos. El chamán forma parte de una tribu -los paiter suruí- que permanecieron totalmente aislados del resto del mundo hasta 1969. Ahora, tienen luz eléctrica, lavadoras y facebook.

La película es una producción de Buriti Filmes, la compañía de Bolognesi y su socia y esposa Laís Bodanzky, y Gullane, una de las empresas más importantes del panorama brasileño, dirigida por Caio y Fabiano Gullane.

Con planos fijos, largos y meditativos, con una paleta de colores intensa pero filtrada por la humedad amazónica, así como unos sonidos de fondo que nos transportan al misterio de la selva tropical, “Ex-pajé” nos sumerge en una exploración en el choque de culturas y en la profundidad espiritual del etnocidio.

Es usted productor, guionista, director… Pero aún me llama más la atención el paso de la animación a un documental/ficción sobre el etnocidio de una tribu cerca de la frontera con el Mato-Grosso. En términos narrativos especialmente, ¿qué aspectos se vio obligado a cambiar o a dar preferencia entre “Rio” y “Ex-pajé”?

En realidad, entre las dos películas hay más unidad de lo que parece. En las dos, estoy movido por el deseo de dar voz a los pueblos nativos de América. Por supuesto, un documental es muy diferente de un largo de animación. Principalmente en las técnicas, pero en ambas intentamos alcanzar la visión mágica de los pueblos americanos y traducirla en cine. En “Rio 2096: Una historia de amor y furia”, repasamos la historia de Brasil desde el punto de vista de un indio tupinambá. Sometimos la historia del país a la mirada mitológica y mágica de la cosmogonía tupí. En el documental “Ex-pajé”, vemos el proceso de etnocidio y aculturación religiosa desde el punto de vista de un chamán en el centro de una persecución sutil y al mismo tiempo devastadora. En las dos películas, en el montaje se emplearon estrategias narrativas de ficción, ya que he trabajado como guionista en los últimos 20 años. Creo que la principal diferencia es que en la animación, después de la investigación, mi deseo narrativo era soberano y en el documental, mi deseo narrativo seguía un devenir externo. Y no hay nada más indígena, que la apertura al devenir…

Tengo la impresión de que acudiendo a la ficción (interpretada por los mismo personajes reales), la película incrementa el respeto en su aproximación o retrato de esta situación de etnocidio. ¿Era este su propósito? ¿Qué fue lo que le condujo a emplear ambas técnicas, las del documental y la ficción?

A pesar de escribir guiones para varios directores, incluyendo brasileños, un italiano y un francés, decidí filmar “Ex-pajé” sin un guion cerrado. Concluí que el guion se acabaría definiendo con los propios personajes/actores. Nosotros oímos sus relatos, angustias e historias y decidimos filmar las escenas que ellos nos contaban. Algunas veces, rehaciéndolas, como en una película de ficción y otras veces, nos daban la pauta del rodaje del día siguiente. Estas elecciones a la hora de rodar constituyeron, de algún modo, nuestro guion. Yo tenía siempre una visión narrativa de guionista en ese proceso de elecciones. Sabía que necesitaba escenas de presentación, conflictos y transformaciones y buscaba percibir esas oportunidades en los acontecimientos cotidianos y en las historias que ellos nos contaban todo el tiempo. Como yo quería revelar el mundo interior de mi protagonista, Perpera, el ex chamán, decidí que el mejor modo era rodar con los oídos. Añadiendo rigor en la puesta en escena. Es decir, en el rodaje la cámara no atacaba con apremio, sino proporcionando un enfoque tranquilo y poético del acontecimiento. Así son los paiter suruí… Así debería ser la película.

"En "Ex-pajé" vemos el proceso de etnocidio y aculturación desde el punto de vista de un chamán, objeto de una persecución sutil y devastadora."

¿Qué supuso para los paiter surui su trabajo como actores? ¿Cómo vivieron y entendieron ellos esta experiencia? Están familiarizados con la tecnología pero, el hecho de representarse a sí mismo ¿lo vivieron como una reivindicación, un proceso catártico?

Estuve con ellos durante tres semanas antes de regresar con el equipo. Expliqué que quería contar la historia del ex chamán Perpera y les gustó la idea. Ayudaron siempre lo más que pudieron y comprendieron que íbamos a filmar unas historias concretas e íbamos a rehacer algunas que ellos nos contaban. Los más viejos, incluyendo Perpera no hablan portugués, solamente tupí-mondé, su propia lengua. Esto hacía el proceso surreal, lo cual resultaba perfecto. Nos entendíamos en la esencia de la comunicación y eso bastaba. Ellos son muy serenos e introvertidos. El cine adora esta característica en los actores. La ansiedad y la euforia es un desastre en la actuación y eso está muy lejos de ellos. No entienden que la cámara representa una construcción pública de sus egos, por lo que se portaban con extrema naturalidad. Nos quedamos impresionados con la ausencia de overacting, hasta que actuaban… Ellos vivían las escenas. Y muchas veces, nuestro protagonista entendía que lo que estábamos representando estaba pasando de verdad e involucraría la realidad alrededor. Las relaciones mágicas de causa y efecto quedaban así establecidas en nuestra misma manera de rodar. Nadie estaba siendo engañado, porque la magia, de hecho, se imponía.

La depredación forestal de la industria maderera y la tecnología entre otras cosas están en la base de este tipo de etnocidios. Sin embargo, puede parecer una contradicción que el cine (un hito tecnológico) e incluso el facebook sirvan para hacernos conscientes de este drama humano y hacer un llamamiento de ayuda. ¿En qué medida pueden convivir la modernidad y el respeto total por las culturas indígenas?

Yo creo que pueden convivir fácilmente. Siempre y cuando sean ellos los que decidan y puedan elegir de verdad. No hay nada más moderno que el conocimiento científico y cosmogónico de los pueblos indígenas sobre la sostenibilidad. No hay nada más rico y generoso que su filosofía de vida abierta al devenir, la visión de ellos de que forman parte de la naturaleza y no seres apartados, quedando nosotros por encima de ellos, como nos convertimos a partir del pensamiento científico que asoló la Europa en los siglos XV y XVI. Para ellos es simple entender los GPS, las cámaras de cine, las máquinas motorizadas y las redes sociales. Pero para nosotros es muy difícil entender un mundo centrado en el aquí y ahora. El problema mayor es que la tecnología llega primero destruyendo. Los primeros instrumentos que se les impone son revólveres y ametralladoras. Las balas de metal traspasando sus cuerpos son las primeras señales de nuestra llegada, los virus y las bacterias para las que no tienen anticuerpos vienen a continuación. Y en un momento de crisis y penuria, ofrecemos la salvación a través del Evangelio. ¿Qué autodeterminación puede haber en tal proceso?

La evangelización del hombre blanco supone una destrucción de la cutura tribal. De manera muy eficaz y sofisticada, pues despierta el sentimiento de culpa por las propias tradiciones. ¿Qué solución cabe esperar en este sentido en la protección de las creencias más ancestrales?

La solución debe venir de ellos mismos. Y nos corresponde apoyar. Actualmente, diversos líderes indígenas de diferentes pueblos y algunas importantes asociaciones de pueblos indígenas se están manifestando contra la intolerancia cultural y la persecución a los chamanes. Nos corresponde a los artistas y a los medios dar espacio a esta voz y no formar parte de los grupos etnocidas y genocidas que avanzan desde hace más de 500 años sobre la llamada América.

El próximo festival de Annecy dedica un spotlight a Brasil. Parece que la animación en Brasil atraviesa por un periodo dorado. ¿Se están haciendo las cosas bien desde la industria, las estructuras oficiales de apoyo? ¿Qué debe hacer la animación brasileña para seguir creciendo en talento y producción?

Sí, hoy tenemos una política cinematográfica en Brasil muy bien estructurada y sólida. Es el resultado de veinte años de acción continua, pasando por gobiernos liberales y de centro-izquierda sin grandes cambios o interrupciones. La animación brasileña se consolidó como un territorio autoral y no como un service. Por eso, ganamos dos años seguidos el festival de animación más importante del mundo, Annecy, con mi “Río 2096” y “El niño y el mundo”, de Alê Abreu. Tenemos en este momento 18 proyectos de largometrajes de animación en marcha en el país.

¿Qué puede avanzarnos de sus próximos proyectos como director, guionista o productor?

Alê Abreu, cuya película además de ganar Annecy fue nominada a un Oscar -superando a producciones de Pixar / Disney que cuestan 150 veces más- y yo nos hemos unido para producir dos películas. Estamos en preparación de la película “Los viajeros del bosque encantado”, dirigida por Alê y “La extranjera”, dirigida por mí. Ambas serán producciones de Alê Abreu y yo y la directora y productora Laís Bodanzky, que estuvo en Berlín con la película “Como nuestros padres” el año pasado.

Sigo también con otros proyectos con mis amigos y socios cinematográficos Caio y Fabiano Gullane. Estoy escribiendo con ellos una serie de documentales para HBO sobre la historia del funk brasileño, la explosión musical del país en este momento. Además, estamos desarrollando un nuevo largometraje sobre otros chamanes de la Amazonia. Con Laís Bodanzsky, Bionica Películas y el productor portugués Luís Urbano, estamos preparando la nueva película de Lais Bodanzsky, “Pedro”, sobre un príncipe portugués que creció en el Brasil colonial. Como ves, mucho trabajo…