• Paula Hernández, directora de “Los sonámbulos”

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Paula Hernández, directora de “Los sonámbulos”

Seleccionada para los festivales de Toronto y San Sebastián, “Los sonámbulos” marca el retorno al largometraje de Paula Hernández. La directora argentina vuelve tras ocho años con un drama más oscuro que sus filmes previos. La historia está centrada en una madre y una hija en un momento de cambios y replanteos, que se catalizan en medio de una reunión familiar en la víspera de año nuevo.  Contando con un sólido elenco que incluye a Erica Rivas, Marilú Marini, Daniel Hendler, Luis Ziembrowski y Valeria Lois, la película es una producción de la argentina Tarea fina, en coproducción con la uruguaya Oriental Films. Las ventas internacionales están a cargo de Meikincine.

Han pasado ocho años desde tu último largometraje como directora, “Un amor”. ¿Cómo fue regresar al largo después de tanto tiempo y cómo fue este proceso particular?

Tengo la sensación de que “Un amor” cerró una etapa que incluye mis tres primeras películas. Con “Los sonámbulos” siento que asomó algo nuevo, otra etapa, que en realidad asomó en un corto que hice en 2017, “Doce clavos”, donde empecé a pensar en otra forma de abordar el cine, en relación a las temáticas que me interesan, en la forma de narrarlas y  también de producirlas. En estos años de no filmar hubo decisiones personales, como ser madre, y nuevos trabajos, como dar clases, cosas que me implicaron dedicación y que desarrollé mientras no aparecía una idea para una película. No es fácil encontrar que es lo que uno quiere decir. Para mí está bueno filmar cuando hay algo que realmente urge salir, cuando uno tiene inquietudes, preguntas, que vale la poner en contacto con un otro . El guión arrancó muy incipientemente en 2015 y estuvo a punto poco antes de filmar. Pero buscar la financiación fue muy complejo. Si bien teníamos un dinero de Ibermedia y Vision sud est, todo el financiamiento estatal fue muy engorroso, muy demorado. Y cuando ya teníamos el dinero asegurado, tuvimos una espera climática, porque la película debía rodarse en meses de calor. Sin embargo, esos tiempos de espera hicieron que el guión creciera y madurara. Al momento de filmar, creo que el tono estaba definido, es una película muy difícil de tono. Hay una trama pequeña, pero principalmente el foco está puesto en una experiencia emocional, y en cómo esa trama, altera los estados anímicos de los personajes. Es una película que se construye a partir de esa acumulación emocional.

 La película narra una reunión familiar, pero la historia se concentra en una madre y una hija en un momento de cambio. ¿Cómo se definió ese foco?

En un momento de la escritura me debatí en si era una historia sobre una familia, o una de una madre y una hija atravesadas por esa familia; también, si era un relato más narrativo, o más climático. Después de todas estas idas y venidas durante el proceso de escritura y búsqueda de lenguaje, hoy la veo como una película que se centra en la vida de estas dos mujeres inmersas en este entorno familiar, y que son dos personajes en tensión, que atraviesan un gran replanteo existencial. El personaje de Ana (Ornella D´Elía) está abandonando su infancia y entrando a la pubertad. Tiene preguntas sobre su cuerpo, su deseo, tiene necesidad de explorar el mundo, de tener opinión propia. Mucho de eso le genera conflicto con su madre. El personaje de Luisa (Erica Rivas), a partir de este desprendimiento con su hija, se le devela una mujer que es ella misma, que no se gusta, que necesita reordenarse; se replantea sus vínculos familiares, su relación con su marido, su relación profesional. Es un estado que los personajes traen al llegar al campo, pero determinados hechos conflictivos y agobiantes que van ocurriendo dentro de la familia, los pone de manifiesto. Ambas son quienes traccionan el relato.

Si bien el foco está puesto en estos personajes, el núcleo familiar es muy rico. Cada personaje tiene un mundo que es claramente expuesto en la película. ¿Cómo trabajaste cada historia individual?

Para mí a la hora de filmar, un guión tiene que tener mucha solidez. Desde la trama, los personajes centrales, y también los secundarios que enmarcan ese mundo. Trabajé el guión siguiendo la línea de cada personaje. Los personajes principales tienen desarrollo, trama y un montón de cosas que van atravesando la historia, pero yo también seguí detenidamente la línea de cada personaje secundario. Me dedicaba a escribir biografías, pensar cómo son estos personajes más allá de lo que se está viendo. No siempre lo que se ve es lo que interesa. Por ejemplo, en las escenas con toda la familia, decidí filmarlas a dos cámaras porque me interesaba ver qué pasaba con los personajes que no estaban hablando; cuál era su gestualidad, el impacto en ellos sobre lo que otro manifestaba,  en una situación donde no estaban como foco. A mí me gusta mucho trabajar los personajes, primero sola, y luego con los actores. Todos enriquecieron muchísimo esos mundos, y gran parte de eso surgió de la cantidad de ensayos que tuvimos. 

"Es una película que me da mucho orgullo. Estoy muy segura de lo que estoy contando y me interesa ver cómo repercute esta película en particular en este momento."

Los personajes femeninos son el centro de la historia y, justamente, en estos últimos tiempos se ha debatido mucho sobre la representación y la perspectiva de género. ¿Esto te influyó en la construcción de los personajes? 

Siempre trabajé personajes femeninos y cuento desde ahí porque soy mujer. La película habla mucho de la maternidad, de ese vínculo tan único, y me interesaba construir diferentes formas de maternidad. Todas las maternidades que se ven en la película son trabajosas, tienen momentos de felicidad pero también de mucho cuestionamiento sobre lo que significa ser madre; y en qué se convierte una como mujer a partir de eso, cómo vincularse con el resto del mundo, de la familia. Y con ese ser nuevo. Mucho de eso tiene que ver con cuestionamientos que yo me hice. No hay nada específicamente biográfico, pero sí son disparadores para poder pensar o abrir preguntas. Si hay algo que se refleja de lo que está ocurriendo en este momento es porque soy parte de una sociedad que está inmersa en un momento de cambio profundo. Hace poco me preguntaron si para mí fue más difícil dirigir por ser mujer. Yo puedo considerarme una privilegiada porque no encontré grandes escollos y dificultades, pero sí estoy segura que de mi parte hubo un mayor esfuerzo que el de un varón con exactamente las mismas posibilidades que yo. Siempre existió esta cosa de “tener que demostrar que una podía”. Es extraño, porque lo he vivido durante mucho tiempo como algo natural, me refiero a aceptar que “las cosas eran así”, que siempre había que demostrar que una podía y especialmente a estar orgullosa de esa capacidad femenina de estar abarcando muchas cosas al mismo tiempo. Como si eso nos pusiera en un lugar más poderoso. Y si bien es una virtud femenina, también es parte de un mandato patriarcal que nos ha puesto a las mujeres en ese lugar y a los hombres en otro muy diferente. Este momento que estamos viviendo es histórico; es un momento para repensar profundamente los lugares del hombre y de la mujer.

En el último año los festivales han comenzado a llevar adelante acciones para aumentar la presencia de directoras en sus selecciones, ¿qué opinas de ello?

Entiendo que son espacios que son necesarios que existan porque sino, hay una gran mirada sobre el mundo que queda afuera, en este caso, ante la falta de directoras. Cuando yo hice mi ópera prima, “Herencia”, ese año el INCAA abría un concurso que tenía categorías, y tenía la categoría mujer. Para mí fue extraño por mi pensamiento en ese momento presentarme allí, pero lo hice, casi como pidiendo disculpas, te diría. Pero si existía en ese momento esa discriminación positiva, era porque evidenciaba algo que no estaba ocurriendo con paridad. Y yo gané ahí. Si no estaba esa categoría, no sé si hubiera hecho mi primera película tan rápido. Las cosas cambiaron algo desde ese entonces, pero tampoco tanto. Yo no creo que por ser mujer tengas que acceder a un lugar por el simple hecho de ser mujer, porque cuando se elige una película, se valoran muchas otras cuestiones además del género. Pero sí es fundamental que la paridad exista. A las minorías, hasta que dejen de serlo, hay que poder sostenerlas y darles su lugar. 

Comentaste que tus primeras tres películas, “Herencia”, “Lluvia” y “Un amor”, representaban otra etapa. Aún así, ¿”Los sonámbulos tiene algún punto en común con esas películas? 

Es difícil compararlas porque pertenecen a distintos momentos. Yo generalmente no vuelvo a ver mis películas, a no ser que tenga que verlas por algo puntual. De “Herencia” a esta película pasaron 20 años; soy otra. Pero sí puedo ver que hay ciertas inquietudes, preguntas. Que los personajes se replanteen cuestiones existenciales es algo que me interesa en general y lo podés ver en las diferentes películas. El mundo adolescente ya aparecía en “Un amor”. “Lluvia” tenía una situación de desarme de una estructura. 

 ¿Qué expectativas tenés con la película ante su inminente estreno?

“Los sonámbulos” es una película que me da mucho orgullo. Estoy muy segura de lo que estoy contando, y no sé si eso me pasó antes. Me intriga ver qué va a pasar, me interesa ver cómo repercute esta película en particular en este momento. Estoy entusiasmada.