• Alumbrar sin luz: el cine venezolano asoma en medio de la crisis

    "La noche de las dos lunas" de Miguel Ferrari.

  • Alumbrar sin luz: el cine venezolano asoma en medio de la crisis

    “El último año del Congo Mirador” de Anabel Rodríguez.

  • Alumbrar sin luz: el cine venezolano asoma en medio de la crisis

    “Dirección opuesta” de Alejandro Bellame.

  • Alumbrar sin luz: el cine venezolano asoma en medio de la crisis

    "Jazmines en Lídice" de Rubén Sierra Salles.

  • Alumbrar sin luz: el cine venezolano asoma en medio de la crisis

    “Gilma” de Alexandra Henao.

Alumbrar sin luz: el cine venezolano asoma en medio de la crisis

Hiperinflación, inestabilidad política, cortes de electricidad y diáspora. La situación no parece propicia para producir y estrenar películas en Venezuela, especialmente si a esto se suma que el país no paga su cuota en Ibermedia desde 2016, hecho que afecta tanto la selección de proyectos futuros como la concreción de los ya premiados. Aún así, el cine venezolano se esfuerza por mantenerse en la escena internacional, con una producción que disminuye en cantidad pero que ha sabido mantener su calidad artística.

En lo que va de 2019, sólo una película nacional se ha estrenado en Venezuela. “Interferencia” de Zigmunt Cedinsky, que llegó a cines recién el jueves 26 de abril con distribución de Amazonia Films no marca el inicio de una seguidilla de estrenos sino que es uno de los escasos ocho largometrajes que tienen previsto su estreno en lo que queda de este año, según datos proporcionados por el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía de Venezuela (CNAC).  Cines Unidos se encargará en julio del estreno del documental “Si yo muero primero” de Rodolfo Muñoz y en octubre de la ficción “La noche de las dos lunas” de Miguel Ferrari. La distribuidora de cine alternativo Gran Cine llevará a salas cuatro títulos: “Humanpersons” de Frank Spano en mayo, y la trilogía “Primavera en Petare” en julio, “Love story en Petare” en noviembre y “Milagro de navidad en Petare” en diciembre, dirigidas por Mateo Manaure. El octavo estreno también será en diciembre, y es “Yo, mi ex y sus secuestradores” de Javiera Fombona con distribución de Blancica. La cifra es preocupante teniendo en cuenta que en 2018 la cantidad de estrenos sumó un total de 20 películas, con títulos nacionales de temáticas y estilos variados, entre los que destacaron la premiada “La familia” de Gustavo Rondón Córdova o filmes que tuvieron una buena taquilla, como “El silbón orígenes” de Gisberg Bermúdez o “Locos y peligrosos” de Eduardo Serrano y Javier Paredes, con 50 y 37 mil espectadores, respectivamente.

En lo que respecta a la cantidad de rodajes, la situación no está mejor. En 2018 se tiene constancia del rodaje de trece largometrajes de ficción y tres de no ficción, entre los que figuran el documental de Anabel Rodríguez “El último año del Congo Mirador” y la ficción “Dirección opuesta” de Alejandro Bellame. En lo que va de 2019, se han rodado cuatro ficciones: “Así es la química” de Mohamed Alkhaldi, “Tarkarí de Chivo” de Francisco Denis, “Gilma” de Alexandra Henao y la coproducción con Colombia “El retorno de Roque a la Isla Akare Merú”, segundo filme de Jorge Thielen, quien debutó en 2017 con la premiada “La soledad”.

Hay dos cosas que llaman la atención sobre estos rodajes: la primera es que ninguno de ellos ha recibido apoyos estatales para su realización, teniendo que optar por formas alternativas de financiamiento. La segunda es que tres de estos cuatro directores residen actualmente fuera del país. “Eso demuestra que a pesar de todo hay una necesidad de contar nuestras propias historias, en nuestro contexto, con nuestro acento” expresa a LatAm cinema Claudia Lepage, productora venezolana miembro de la Asociación Venezolana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales (AVEPCA), quien de todos modos aclara que algunos realizadores dejan de regresar. “Nos duele que Lorenzo Vigas ya haya hecho su segunda película en México y Venezuela ya no pinta nada. Hay más cineastas que se alejan, como Mariana Rondón, Marité Ugas o Claudia Pinto, quien está por iniciar el rodaje de “Las consecuencias” en España, con coproducción de Bélgica y Holanda, y estamos intentando ver si Venezuela puede entrar de alguna forma. Pasamos de tener muy buena salud, con fondos extraordinarios y apoyos en promoción, distribución, en pasajes para festivales, para foros, para formación, a contar con ayudas mínimas: a mí me aprobaron recientemente uno de los proyectos en el fondo de producción de CNAC y son 200 dólares” cuenta Lepage.   

"El CNAC no paga su cuota en el programa Ibermedia desde 2016, y si bien se siguen seleccionado proyectos con coproducción venezolana, el desembolso de los fondos queda supeditado a la regularización de la situación. "

Los escasos fondos nacionales llevan a que las empresas productoras busquen alianzas con otros países, pero esto tampoco resulta fácil: el CNAC no paga su cuota en el programa Ibermedia desde 2016, y si bien se siguen seleccionado proyectos con coproducción venezolana, el desembolso de los fondos queda supeditado a la regularización de la situación. Representantes de los gremios cinematográficos se han reunido con el ministro de cultura Ernesto Villegas y diferentes miembros del gobierno para exigir soluciones, pero ninguna respuesta es concreta: Venezuela es actualmente el gato de Schrödinger de Ibermedia, no se sabe si su participación allí ha muerto o si se encuentra agonizante pero viva, hecho que lleva a los productores a no saber si deben contar con ese posible apoyo u olvidarlo definitivamente. Los conflictos se van resolviendo caso a caso: las mencionadas “La noche de las dos lunas” de Miguel Ferrari y “Dirección opuesta” de Alejandro Bellame pudieron finalizar su rodaje gracias a ayudas y aportes específicos de otros países, pero hay muchos otros títulos que abortaron el proyecto o cambiaron su esquema de coproducción.

“¿Qué nos está pasando? Que Venezuela está perdiendo películas. Películas que podían tener la nacionalidad venezolana, o directores que están empecinados en que Venezuela esté en la ecuación y participe de alguna forma se han ido llevando sus proyecto para afuera. Uno de los casos es “Benigno Cruz” de Jorge Hernández Aldana, un director y productor venezolano que vive en México. Él tuvo que rechazar la ayuda de Ibermedia por parte de Venezuela en 2016 y lo volvió a postular por México y le fue notificado que México aprobó su proyecto, entonces Venezuela pasa de ser mayoritario a minoritario, o a simplemente desaparecer de la ecuación”, explica Lepage.

En medio de este oscuro panorama, el cine venezolano sigue brillando: en 2018 fueron premiadas 19 películas en festivales, con un total de 30 premios repartidos entre ocho largometrajes de ficción, diez cortometrajes y el largometraje documental “Mujeres del caos venezolano” de Margarita Cadenas. El éxito del año fue “La familia” de Gustavo Rondón, galardonada con seis premios entre los que destacan mejor título iberoamericano y premio de la crítica del Miami Film Festival y mejor película internacional del New York Latino Film Festival. Otros largometrajes premiados han sido la mencionada “La soledad” de Jorge Thielen, “Uma” de Alain Maiki, “Hijos de la sal” de Andrés Eduardo Rodríguez, “Yo, imposible” de Patricia Ortega, “Azul y no tan rosa” de Miguel Ferrari y “El silbón orígenes” de Gisberg Bermudez. En los primeros meses de 2019, “Yo, imposible” recibió el premio del público en el 34° Reflets Du Cinema et Latino- Ibérique Américain y el premio del jurado en el Femme Revolution Film. En marzo dos filmes venezolanos tuvieron su premiere mundial en Miami: “Voy por tí” de Carmen La Roche y “Jazmines en Lídice” de Rubén Sierra Salles. En ese festival los productores y realizadores organizaron un evento para difundir la producción reciente y futura del país, otro más de los tantos esfuerzos colectivos para mantenerse en la escena internacional. “Está todo bien”, documental de Tuki Jencquel sobre el actual colapso del sistema de salud nacional, acaba de recibir el premio a mejor película en la 13° edición del One World Festival en Bruselas, luego de haber pasado importantes festivales como Sheffield e IDFA. 

En paralelo, productores y cineastas siguen trabajando por mantenerse en la escena internacional por medio de la participación en foros de coproducción y encuentros internacionales, en ocasiones ideando nuevos métodos para financiarse los viajes como campañas de crowdfunding, como el realizado actualmente por Patricia Ortega para asistir a la residencia de guion en Cali con su nuevo proyecto “Mamacruz”. Ortega iba a participar en el festival de Guadalajara pero hubo un apagón nacional el día en el que volaban varios cineastas venezolanos: los que viajaban por la mañana pudieron llegar a México, los que viajaban más tarde se quedaron varados en el aeropuerto.

La cantidad de festivales nacionales también ha disminuido, y los que sobreviven lo hacen adaptándose a las circunstancias. El Festival de Cine Venezolano, que se ha hecho siempre en la ciudad de Mérida, celebrará su edición número 15 este junio en Caracas, en un intento por ahorrar costos de traslados y alojamiento ante la reducción de los apoyos financieros. Una anécdota más del mar de incertidumbre en el que se sumerge la actualidad cinematográfica venezolana, que en un contexto de cambios, oscuridad y crisis logra, por momentos, salir a la superficie.