• El nordeste también existe: entrevista a Margarita Hernández, coordinadora general de Cine Ceará

El nordeste también existe: entrevista a Margarita Hernández, coordinadora general de Cine Ceará

Desde el 4 y hasta el 11 de agosto se está llevando a cabo en Fortaleza la edición 28 de Cine Ceará, festival que presenta tres categorías competitivas: largometrajes iberoamericanos, cortometrajes brasileños y “Olhar do Ceará” para obras de la región. También ofrece muestras sobre diferentes países (este año el foco fue Perú), talleres, debates y acoge el Seminario de descentralización de la producción audiovisual en las regiones Centro-oeste, Norte y Nordeste. LatAm cinema dialogó con Margarita Hernández, realizadora cubano-brasileña y coordinadora general de Cine Ceará, sobre el rol del festival en la producción y visibilización del cine cearense en Brasil y la difusión el cine iberoamericano en Ceará.

¿Cuáles han sido los cambios más significativos en Cine Ceará a lo largo de los años?

Yo comencé en el festival hace 26 años. Empezó siendo un festival de películas sobre la ciudad de Fortaleza y fue creciendo: pasó a ser nacional y luego iberoamericano. Fue tomando cuerpo, fue creciendo el trabajo, se fue haciendo conocido. Hoy es súper importante en la formación de las nuevas generaciones. Si bien el festival no está vinculado directamente con las cuatro instituciones de cine (universidades y escuelas) en Fortaleza que lógicamente hacen que la producción cinematográfica aumente, el hecho de que exista un festival realmente incentiva a mucha gente del audiovisual. A partir del 2003, con el gobierno de Lula y durante el mandato como Ministro de Cultura de Gilberto Gil, se incentivó descentralización de los recursos. Algo que había sido muy difícil para el nordeste, que era tener acceso al dinero público, cambió con una ley que determinaba que 30% de los recursos al cine fueran destinados al resto del país. La descentralización de los recursos fue fundamental, no sólo para el festival sino para la producción en general. Antes de eso la región más grande de Brasil no tenía acceso a los recursos estatales ni recibían dinero de las empresas, que eran destinados casi en un 90% a las áreas de cultura del eje Río-San Pablo. El festival aprovechó este cambio y creció mucho, y hoy en día recibe apoyo tanto del gobierno como de empresas privadas. CONNE (Conexão Audiovisual Centro-Oeste, Norte, Nordeste) se formó justamente para fortalecernos y que eso permanezca. Es una asociación de más de mil empresas productoras de todas estas regiones cuyo primer objetivo fue exigir que esta política continúe. Por el momento se mantiene, y eso ha hecho crecer muchísimo la producción local y ha dado otra cara al cine brasileño. Lo que hacemos como festival es apoyar para dar visibilidad a esa diversidad. Cuando seleccionamos los cortos nacionales tratamos de que nuestra política de selección también procure que no esté todo concentrado. Es claro que las grandes producciones y por ende muchos de los buenos cortometrajes provienen de Río y San Pablo, porque es donde hay plata y profesionales formados, pero también en el festival intentamos tener una cuota de otras regiones, de seleccionar películas que estén buenas, que sean inéditas, y que además muestren la diversidad de Brasil.

Esta es la segunda edición del seminario de descentralización. ¿En qué nuevas acciones están trabajando?

Estos encuentros sirven para saber qué se ha hecho en cada lugar. Por ejemplo hubo una charla sobre Ceará Filmes, una institución financiada por el estado que se creó hace dos años y ya ha construido 20 salas de cine en el interior del estado, porque el gran problema es la distribución. Brasil produce muchísimas películas, pero no tiene velocidad de distribución, es como si tuvieras un camión enorme y estuvieras jalándolo con la mano, no tienes formas de mostrar lo que se hace, principalmente porque la cuota de sala es todavía insuficiente. Hace falta descentralizar también la distribución, y que no quede en mano de las empresas particulares, de empresas que tienen como único objetivo recaudar dinero. Hoy en día para que te den dinero para distribución en las líneas de incentivo tienes que tener por lo menos diez salas de cine a la vez, entonces una pequeña productora no encuentra dónde colocar su proyecto. Lanzas la película y la ponen tres veces a las cinco de la tarde. Formalmente estuvo, pero nadie la vio, entonces se está reviendo todo eso para encontrarle un camino a esas películas, en salas o en televisión. Aquí hay un incentivo para exhibición sólo para la región de Ceará, pero tenemos mucho miedo de que se acabe.  

"La descentralización de los recursos en Brasil fue fundamental, no sólo para el festival sino para la producción en general"

Da la sensación de que estos logros de los últimos años tienen los días contados…

Brasil vive de desmonte de toda una serie de cosas que fueron hechas en los gobiernos anteriores. Se han empezado a acabar proyectos, porque infelizmente el cerebro reducido de esta derecha extravagante que tenemos ahora ve a la cultura en general como una amenaza de denuncia. Por otro lado, existe el prejuicio de que generar entretenimiento es entretenido. Preguntan:”¿qué, te estoy dando dinero para que cantes? ¿Por qué te voy a dar dinero si te divierte?”. Esto está cada vez más difundido a nivel popular, da miedo. La gente repite que los artistas están mamando de la teta del estado.

El festival también sirve para que lleguen a la región grandes títulos de la producción reciente iberoamericana. ¿Qué rol tienen estas películas en la sociedad?

Todo empezó porque el director y del festival (Wolney Oliveira) estudió en la escuela de Cuba, entonces volvió a Brasil con una visión diferente de lo que es el cine y también con muchos contactos. Toda esa generación que estudió con él son directores superpremiados, y eso hizo que desde el inicio el festival tuviera esa cara. Por aquí pasaron todos los profesores de la escuela de cine, hay hijos de gente que estudió allí que viene con sus películas, y el festival siempre tuvo una relación fuerte con Cuba: el festival de La Habana viene y selecciona sus películas aquí. Brasil se mira mucho su ombligo, el tema del idioma suele ser un inconveniente, pero como quienes organizamos Cine Ceará somos bilingües, este un festival bien iberoamericano. Quisimos hacerlo iberoamericano porque Portugal tiene una relación extraña con Brasil, yo siempre pienso que necesitamos unirnos más. En el caso de España también es importante, además está Ibermedia que siempre financia el cine iberoamericano, y es justo que estos países estén presentes. La gente no ve cine latinoamericano aquí, y tiene la oportunidad de verlo en el festival y ha sido un trabajo de años para que por lo menos supieran que pueden ver las películas en forma gratuita. Vienen los directores, los alumnos en las escuelas los conocen, entonces se van familiarizando con el cine latinoamericano. En Brasil hay grandes festivales en Río y Brasil, pero no son tanto encuentros de discusión sino festivales de mucho público, y allí a veces las películas se pierden entre otras 300. La característica de un festival menor es que cada título tiene una mayor repercusión en prensa, y por eso acabamos consiguiendo muchos estrenos, sobre todo en los últimos años en los que ya hemos construido vínculos, hay realizadores que estrenaron aquí y volvieron por segunda vez.

¿Y cómo impacta el festival en la difusión del cine local?

Este año tuvimos más de 900 cortos brasileños inscriptos y en “Olhar do Ceará” más de cien. La muestra cearense, que tiene más de 15 años, ofrece debates después de las proyecciones. También hemos expandido el festival al interior del estado, llevando los filmes a las plazas de los pueblos. Además ofrecemos premios en equipos, exhibición en televisión o incentivos para la realización local. Existe actualmente una producción muy fuerte de gente joven, tanto en cortos como largometrajes, por ejemplo “O barco”, filme de Petrus Cariry que se exhibió en la apertura de esta edición del festival.