• Talentos emergentes (VIII): Felipe Zúñiga (Costa Rica)

    “La picada” (Foto: Nicolás Wong Díaz).

Talentos emergentes (VIII): Felipe Zúñiga (Costa Rica)

“Talentos emergentes” es una sección para descubrir a los nuevos talentos del cine latinoamericano. En esta nueva serie, ponemos foco en las regiones de Centroamérica y el Caribe presentando a cuatro directoras y cuatro directores que ya han comenzado a dar que hablar con sus primeros trabajos. Los nuevos cineastas cuentas sobre sus primeras experiencias en el cine, las principales temáticas y motivaciones de sus historias, y las ventajas y desventajas de hacer cine en su país.  

El costarricense Felipe Zúñiga es oriundo de San José y estudió Producción Audiovisual en la Universidad de Costa Rica. Antes de introducirse en el cine, trabajó tres años en un canal universitario que le dio la oportunidad de acercarse a una cámara y explorar de forma libre y descubrir un nuevo lenguaje. Ha trabajado como asistente de dirección en diversas películas ticas, entre ellas, “Ceniza Negra”, “Cascos indomables” y “Atrás hay relámpagos”. Director de la serie documental “San José de Noche”, premio Nacional de Cultura a mejor Obra Audiovisual de Costa Rica en el 2019, actualmente se encuentra en postproducción de su película de no ficción, “La picada”.

Mi primera experiencia trabajando en cine fue en el 2014. En el 2017 filmé mi primer proyecto importante como director, ‘San José de noche’, una serie documental de 13 capítulos, donde comparto créditos con muchos amigos y amigas. Ese ha sido un gran laboratorio para abordar ‘La picada’’, mi primera película, y para mi próximo proyecto que se encuentra en etapa de escritura, y se desarrolla por completo en el centro de San José. Formo parte de una generación de personas inquietas y apasionadas por hacer películas. Siempre he pensado que topé con bastante suerte porque justo cuando estaba terminando la universidad pude involucrarme en varios proyectos cinematográficos y eso no es tan común. Levantar una película en Centroamérica, apaleado por el generalizado desinterés estatal hacia la cultura, es muy complicado. Lo sorprendente no es el momento en que uno se logró involucrar, sino cómo, contra todo pronóstico, un gran esfuerzo colectivo es el causante de permanecer haciendo”.  

"Centroamérica tiene muchos colores, sabores y sonidos únicos, creo que de igual manera nuestras películas empiezan a tener un sello propio."

“En este momento de mi carrera, tengo una inquietud por cazar historias cotidianas, más que pensar en una historia de cero. Me gusta construir a partir de la realidad, la relación entre el ser humano y el espacio dónde vive me interesa mucho, porque es un vínculo universal y dónde se desarrolla la mayor parte de la vida. Me gusta mucho hablar con gente, ‘San José de noche’ fue una excusa para conocer nuevas personas y escucharlas mientras hacía experimentos narrativos y visitaba sus espacios”.  

Creo que mi generación tiene una oportunidad muy importante de establecer una forma de trabajo. Todo lo que se hace es muy nuevo y las cinematografías de nuestros países centroamericanos están viviendo un momento de auge histórico. Acompañado de la novedad que resulta todo, viene la libertad de descubrir el camino, esa es una gran oportunidad, ser los protagonistas que van a marcar una forma y manera de hacer películas, considero un honor formar parte de este grupo. Centroamérica tiene muchos colores, sabores y sonidos únicos, creo que de igual manera nuestras películas empiezan a tener un sello propio. Sin duda el reto mayor es continuar haciendo películas en medio de la apatía estatal. Es muy complejo pensar en profesionalizar el oficio si el estado no toma políticas para proteger el sector. Espero que la fuerza que traemos, resista hasta que se apruebe nuestra Ley de cine y podamos tener acuerdos colectivos de cómo queremos trabajar”. 

Producida por Caramba Films en coproducción con la chilena Ceibita Films, “La picada” es un retrato de Rosmeri, una mujer que vive en una zona desalojada por la erupción de un volcán. En ese pueblo fantasma intenta continuar con la rutina de su vida, aunque ya nada es igual. La presión de su familia y de las autoridades no es suficiente para hacerla abandonar su casa, sus recuerdos y la imagen de una vida pasada. “Una tarde me senté a las faldas de un volcán que hacía una erupción de ceniza. Las nubes que avanzaban del Mar Caribe chocaban con las que venían del Océano Pacífico, y la ceniza se desplegaba por el cielo como si fuera un velo que cubría todo. En medio de ese espectáculo y con la erupción del volcán atrás, escuché la voz de una mujer que le gritaba a su perrita: ‘¡Princesa, Princesa!’. En un silencio profundo, cualquier movimiento humano sobresale con facilidad. Rosmeri no es consciente de eso porque ella forma parte de ese paisaje, pasa desapercibido en su rutina. Nunca tuve la claridad total sobre cómo filmar a esta mujer increíble. La visité durante dos años solo para conversar. Planeamos hacer un documental de su vida, sobre sus días en el volcán, y poco a poco empezamos a imaginar escenas y acciones”.